viernes, 31 de diciembre de 2010

Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo


Mis mejores deseos para todos en este año que comienza, año importante para los Gijoneses con todos los eventos que en homenaje a Jovellanos, en el 200 aniversario de su muerte, se celebraran en nuestro querido Xixón.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Gijón en la Maleta Mexicana.










La «maleta mexicana», con fotos de Gijón

«La maleta mexicana» es el título de la exposición que se muestra estos días en el Internacional Center of Photography (ICP) de Nueva York. Y no tiene nada de alegórico. Lo que se enseña es, por fin, el contenido de una maleta que durante décadas (desde 1939 hasta hace muy pocos años) se creyó extraviada en algún punto entre París y México. Un paquete que, a su vez, contenía varias cajas de cartón con negativos y más de 4.000 imágenes que tres «grandes» del fotoperiodismo tomaron en distintos escenarios de la guerra civil española. Uno de ellos, Asturias.

Ninguno de los autores a los que perteneció la maleta está aún vivo para revisar el material al que, con gusto, se han dedicado los expertos del Centro Internacional de Fotografía de Midtown, en Manhattan. No en vano en sus manos tenían trabajos originales de Robert Capa, su compañera sentimental y profesional Gerda Taro -fallecida en Brunete arrollada por un tanque-, y David «Chim» Seymour. Los tres -sobre todo Capa- están considerados unos precursores del nuevo periodismo en escenarios de guerra y los tres gráficos comenzaron a forjar su leyenda a base de practicar en la contienda española nuevas fórmulas del reportaje independiente. Capa y Seymour son, además, miembros fundadores de la agencia fotográfica Magnum, una de las primeras cooperativas de fotógrafos del mundo.

De esos maestros son las imágenes que ahora se exhiben en Nueva York. Y entre el contenido seleccionado de esa maleta -que durante tiempo fue objeto de millones de miradas, por si en ella estuvieran los originales de la famosa foto del miliciano abatido de Capa, que se teme que sea fruto de un montaje.
Es posible que puedan verse algunas de las imágenes tomadas por Chim Seymour en las calles de Gijón. Algunas de ellas, si no se están viendo ahora en Nueva York, casi seguro que se podrán ver el próximo año en Gijón, en la exposición que prepara Héctor Blanco, experto en urbanismo, sobre los bombardeos en la ciudad.

Blanco, conocedor por algunas revistas de la época de que Seymour había pasado por Asturias en su periplo periodístico, y que suyas eran algunas imágenes conocidas de la batalla de Oviedo, se puso en contacto a primeros de año con el ICP para localizar alguna imagen de este lote. «Sabía que ya les había llegado el contenido de la famosa “maleta mexicana”, que además de negativos contiene una especie de dietario donde o bien los propios fotógrafos o alguien que les ayudó, se identifica mínimamente el contenido, y me interesé por saber si había algo de lo hecho en Asturias. Fue una consulta un poco aventurada, por saber si podía haber algo. Para mi sorpresa, desde el Centro Internacional me remitieron las imágenes de dos tiras de negativo, en total creo que son como 20 ó 30 fotos, hechas en Gijón, aunque también hay también varias del frente de Oviedo. En contraprestación yo les identifiqué con más exactitud la localización de las fotos, porque algunas eran muy evidentes», explica Blanco.

Aún no tiene autorización expresa del ICP para la exhibición de las imágenes, pero espera conseguirla para cuando esté lista la exposición que, con motivo del 75 aniversario del inicio de la Guerra Civil española, prepara sobre los bombardeos en Gijón. Fue una idea que presentó -y le aceptaron- a la concejalía de Cooperación Internacional y Asuntos de la Memoria Histórica, al frente de la cual está el portavoz de IU, Jesús Montes Estrada.

«No vamos a mostrar sólo esas fotos, ni mucho menos. La exposición contendrá imágenes del archivo de Constantino Suárez, de la Biblioteca Nacional y de otras fuentes», explica Héctor Blanco, para quien el valor fundamental de las fotos asturianas que ahora tiene del fundador de Magnum es «que muestran la guerra desde una visión muy cotidiana, al menos en lo que respecta a las imágenes de Gijón. Algunas son del cuartel de Simancas, otras de gijoneses pasando por las calles, hay una del Café Manacor…».

A él lo que más le llamó la atención y le gusta es una serie de cinco o seis fotos «de unos niños jugando en una casa en ruinas, se supone que bombardeada. Es una escena bastante insólita y, a la vez, supongo que muy corriente en una contienda como la que se vivió. En concreto, los niños están en un solar de la calle Jesús, y es una casa abandonada que aún existe», cuenta Héctor Blanco.

Si esa es una imagen «insólita», más lo es saber que en la «maleta mexicana» había documentos de Gijón.


El articulo está sacado de: http://www.lne.es/gijon/2010/10/11/maleta-mexicana-fotos-gijon/978845.html

MAS INFORMACIÓN

http://www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/ziff/indexsp.html

http://museum.icp.org/mexican_suitcase/castella/historia.html

lunes, 13 de diciembre de 2010

Los Tranvias de Gijón












Gijón contó desde el siglo XIX con el servicio de tranvía. En principio utilizaron la tracción animal
hasta la implantación de la instalación eléctrica. Las cocheras de la Compañía de Tranvías de Gijón, estaban instaladas en El Bibio. Casi enfrente de la plaza de Toros. La parada llamada en los billetes "Cocheras" estaba en la misma acera del coso, esquina con una calle que llamábamos de Carrascosa porque en ella se ubicaba un taller de chapistería con este nombre. En esta singular calle, cerrada al paso de carruajes por la simple implantación vertical a su través de trozos de raíl, vivía Gabi, que ya mencioné.

Lindaba con esta calle el solar de la plaza de toros, que disponía de un muro de algo más de un
metro de altura, que recorríamos los niños habitualmente en vez de utilizar el suelo. A mayor
interés, había gran cantidad de raíles de tranvía depositados en el suelo a lo largo de dicho muro,
que ponían a prueba nuestras habilidades de equilibristas. A un lado del taller de Carrascosa había una central eléctrica para suministrar corriente continua a las líneas del tranvía.

El tranvía de Gijón "ni tien trole ni tien nada, que lo que lleva en techu ye clavada una guiada". Esta letrilla popular se refiere al primitivo sistema de toma de corriente de los vehículos tractores. Yo no los conocí. En mi niñez ya se utilizaba el pantógrafo. La catenaria estaba formada por dos cables paralelos sostenidos por alambres a las edificaciones contiguas a lo largo del recorrido. En los lugares que carecían de edificaciones eran sostenidos por altas columnas metálicas. Al estilo de los indios de las praderas, auscultábamos estas columnas para averiguar si el tranvía se acercaba o se alejaba. Como se trataba de vía única, en caso de que supieras hacia dónde había pasado el último, podías predecir si había llegado al próximo cruce o no, con lo que calculabas el tiempo de espera. El coche motor, era cerrado. Disponía de accesos, por ambos lados, en las partes delantera y trasera. Dichos accesos disponían de unos estribos para alcanzar las plataformas. En el centro de la plataforma delantera y trasera, había una barra vertical que servía de agarradero a los viajeros.

Mirando al frente, en ambas direcciones, se encontraba el reóstato de control y la rueda para el
freno manual. En el suelo el conductor colocaba una clavija en un agujero; clavija que golpeaba con el tacón con lo que hacía sonar una campana que avisaba de la presencia del tranvía. Entre las plataformas, el espacio para los asientos, se cerraba con puertas correderas. Acristalado, con
grandes ventanales que sólo eran practicables en la parte superior, este espacio disponía de
asientos, dobles a un lado del pasillo e individuales al otro. Tanto los asientos como los respaldos
eran de listones de madera, los respaldos podían girar longitudinalmente con lo que los asientos se podían orientar en ambos sentidos. A los largo del pasillo había unas barras para sujetarse los
viajeros de pie y corría una correa de cuero que hacía sonar una campana en la plataforma y servía para solicitar al conductor la parada del vehículo. El cobrador era el encargado de dar la señal para reiniciar la marcha. Exactamente iguales al coche motor, había coches remolque, sin el reóstato de gobierno. Las señales al conductor las efectuaba el empleado cobrador con la ayuda de un silbato.

A los remolques, los llamábamos jardineras. Durante el verano, las jardineras "cerradas" se
sustituían por las "abiertas". Estas eran muy típicas y originales. El techo estaba sostenido por
unos postes colocados a intervalos regulares a ambos lados del carruaje. Con el mismo intervalo,
unos asientos corridos, de lado a lado, con respaldo de una sola pieza, pivotante sobre unos bujes
colocados en los postes por lo que los ocupantes viajaban siempre sentados dando frente al sentido de la marcha. Existía una amplio espacio entre el asiento extremo y la chapa de la carrocería, plataformas que eran ocupadas por viajeros de pie. A lo largo de ambos lados de la carrocería había sendos estribos corridos que, además de servir para la subida y bajada de viajeros, eran utilizados por el cobrador para desplazarse a lo largo del vehículo para efectuar su tarea. En caso de aglomeración, tanto los estribos de las jardineras, como los de los coches tractores, eran ocupados por verdaderos racimos humanos que de manera inverosímil se apiñaban en ellos. Más sorprendente era que, a pesar de la multitud, el cobrador recorría adelante y atrás las jardineras.

En una ocasión que yo presencié, uno de estos trabajadores no consiguió superar el obstáculo y
calló a la calzada aparatosamente, por fortuna sin lesionarse.
Los tranvías de Gijón, sufrieron numerosos percances con otros vehículos a medida que el parque automovilístico fue aumentando. En ocasiones, a causa de una colisión, el tranvía se salía del carril, con lo que quedaba interrumpido el tráfico en toda la línea, a no ser que el percance ocurriera en un cruce de las vías. También en ocasiones se originaron atropellos, muchos de ellos porque los viajeros subíamos y bajábamos en marcha. La forma menos peligrosa de hacerlo era utilizando la salida por la plataforma trasera, porque en caso de caída las ruedas ya habían pasado, por lo que no podían ser muy graves las lesiones. Entre "cocheras" y "el Molinón" no había parada en dirección Somió. Además únicamente había un cruce de calles, el tráfico era escaso, por lo que posiblemente era el tramo en que el tranvía adquiría mayor velocidad. Dicho cruce de calles (con parada en dirección centro), estaba más cercano a mi casa que la parada de cocheras, por lo que me apeaba en marcha con asiduidad. El problema mayor consistía en la columna del tendido eléctrico situada a unos diez metros de la esquina. Me colgaba del estribo trasero, esperaba a sobrepasar la columna y saltaba a la acera, seguía corriendo para evitar la caída a causa de la inercia y debía frenar antes de llegar a la esquina. Ayudaba el que la acera estaba construída de cemento por lo que no había peligro de resbalones.

Existían tres líneas de tranvía: Gijón-Somió, Gijón-Musel y Gijón-El Llano. Las líneas, como queda dicho, eran de vía única, por lo que había diversos cruces, que estaban situados aproximadamente cada mil metros.
En la línea de Somió, los cruces estaban situados en la calle de Jovellanos; frente al cine Los
Campos; en el barrio de El Molinón, frente al antiguo Hospital de Caridad; el último, unos
centenares de metros después de La Guía. El itinerario partía desde "el muelle" y discurría por las calles de Corrida, Munuza, Moros, Jovellanos, San Bernardo (en el trozo de la plaza del parchís), Menéndez Valdés, plaza de San Miguel (Evaristo, no el arcángel), Uría, General Mola, Avenida de la Liberación, La Guía, carretera de Somió, y daba la vuelta a la plazoleta de Villamanín, ya en la parroquia de Somió.
A veces se reforzaba el servicio con otro coche motor entre el muelle y cocheras. El servicio
ordinario consistía en coche motor y un remolque; en verano el remolque podía ser una o dos
"jardineras". El refuerzo únicamente consistía en coche motor porque no había lugar para girar,
sino que se daba la vuelta a los respaldos de los asientos y el conductor se colocaba en la plataforma que pasaba a ser delantera en el sentido inverso al que hasta entonces había llevado. Para indicar en los cruces al conductor del comboy que circulaba en sentido contrario que había un segundo vehículo llevaba el primero un disco con un semicírculo rojo y otro blanco.
La línea a El Musel hacía el recorrido desde el muelle hasta la primitiva estación del ferrocarril de Carreño, en las proximidades del edificio de la Junta de Obras del Puerto, antes de llegar al dique norte. El recorrido era: muelle, Marqués de San Esteban, Mariano Pola, subida de Santa Olaya,
seguía hasta el inicio de la Avenida de la Argentina girando en Cuatro Caminos hacia la avenida de Eduardo Castro y seguía toda la carretera a El Musel, por la margen izquierda, pasando por La Calzada, Jove, El Muselín. Los cruces estaban situados en Marqués de San Esteban, a la altura de Astilleros Ojeda; Natahoyo, junto al Dique Duro Felguera; La Calzada, frente a La Constructora; en Jove, a la altura de Marítima del Musel. El refuerzo se hacía hasta el cruce de Constructora Gijonesa. Como al final de la línea no se giraba en torno a plazoleta alguna, había una instalación de cruce, con ayuda de la cual, se cambiaba la disposición de los coches: Se desenganchaba el remolque, el coche motor avanzaba hasta el cambio de agujas, cruzaba en dirección contraria y enganchaba por la otra cabeza al remolque. Vuelta de los asientos y cambio de orientación del conductor.

Las dos líneas mencionadas tenían en común el recorrido que hacían en el muelle para reiniciar los trayectos, alrededor de la manzana de casas enmarcadas por la calle Trinidad, plaza de El Marqués y Muelle de Oriente.
La Línea de El Llano, la menos conocida, iniciaba su trayecto en el paseo del Humedal y recorría
desde su inicio la avenida de Schultz, carretera de El Llano, o Carbonera, hasta el Llano de Arriba, en el cruce de esta avenida con la antigua Carretera del Obispo o Carretera a Contrueces. Tenía únicamente un cruce, poco antes de la iglesia de La Milagrosa y el servicio era prestado por coches motor, sin remolque, porque no había posibilidades de hacer el cambio de posición de los coches. El fin de trayecto se llamaba en el billetaje "Orueta" en el Llano de Arriba, parada situada junto a la antigua fábrica de aquel nombre.

Este era el transporte público en Gijón, ecológico, económico, pero que adolecía de una
infraestructura insuficiente, por ser de vía única, para una población en constante crecimiento.
Yo no conocí los tranvias, pero leyendo este texto es como si me hubiera subido en uno y diera un paseo por Gijón.
El texto esta sacado del libro H I S T O R I E T A S
I N F A N T I L E S (Década de los cuarenta)
y el autor es CARLOS M. FERNANDEZ SANCHEZ :http://www.astursalamanca.com/documentos/los_tranv%C3%ADas_de_Gij%C3%B3n.htm

jueves, 9 de diciembre de 2010

Gijón. La Vista de San Lorenzo y Campo Valdés.



En 2001, con motivo de las obras de reforma de la Casa Consistorial de Gijón, se localizó en los sótanos del consistorio una pintura en lienzo, de formato apaisado (43'5 x 86 cm, dimensiones de bastidor original), que representaba una antigua vista urbana de Gijón tomada desde la playa de San Lorenzo, enfocando el Campo Valdés, con el viejo templo parroquial, las Torres de Valdés y su capilla, y la casa-torre de Jove-Hevia, con su aneja capilla consagrada a san Lorenzo.
El deterioro del cuadro era grande, procediendo a su restauración en enero febrero de 2002. Posteriormente, en el mes de marzo, fue depositado por el Ayuntamiento gijonés en el Museo Casa Natal de Jovellanos presentado al público el 6 de agosto de 2002. Desde entonces, figura expuesto en su colección permanente, en el área dedicada a Jovellanos .
Se trata de un cuadro inédito, de finales del siglo XVIII, y de gran valor artístico e iconográfico por tratarse de una pieza rara en el panorama de la pintura regional. Por su semejanza con otras vistas marítimas, técnica compositiva, enfoque, cromatismo y estilo, y a pesar de no estar firmado, es una pintura original de Mariano Ramón Sánchez, un pintor especializado en países, marinas y miniaturas que trabajó para el rey Carlos IV, primero como príncipe de Asturias y, a partir de 1788, siendo ya monarca.

Pero si esto resulta interesante, no lo es menos saber que el cuadro procede de la colección reunida por don Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) en su casa natal, en cuyo cuarto
de estrado consta que estuvo desde la primavera de 1796 hasta, al menos, 1944-1950, momento
en que el Ayuntamiento de Gijón adquirió este inmueble para transformarlo en museo municipal.

Por todo, la Vista de San Lorenzo es una pieza de singular valor, no sólo artístico, sino también documental por ser un testimonio único, muy expresivo y fidedigno de la antigua urbanización del Campo Valdés, de una parte del barrio de Bajodevilla y del sector más occidental de la playa de San Lorenzo, que ocupa todo el primer término del cuadro. Pero también reviste un gran valor histórico por tratarse de una importante pieza, por fortuna recuperada e identificada, de la malhadada y desperdigada pinacoteca que tan afanosamente había ido reuniendo Jovellanos.


La Vista de San Lorenzo y Campo Valdés de Gijón muestra una panorámica muy precisa y detallada del sector más occidental del arenal gijonés. Tomada desde la propia playa (más o menos a la altura de la actual Escalera número 3), enfoca todo el Campo Valdés, con el viejo templo parroquial de San Pedro (destruido el 24 de agosto de 1936), una parte del Campo de la Atalaya en el cerro de Santa Catalina, el palacio barroco de las Torres (hoy, colegio del Santo Ángel), con su capilla aneja de Nuestra Señora de Guadalupe (conjunto erigido a lo largo del primer cuarto del siglo XVII); un poco más retirada, la casa de los Jove-Llanos (enfocada por la rampa de las Pescaderías Viejas, coincidente con la actual Escalera número 2)y,en el margen derecho de la tela, la casa-torre de los Jove-Hevia (del tercer cuarto del siglo XVII) con la capilla (fechada en 1668) y el paredón de San Lorenzo. Fue esta capilla la que dio nombre a la extensa playa al oriente del viejo Gijón.

El texto pertenece a :
LA VISTA DE SAN LORENZO Y DEL CAMPO VALDES DE GIJÓN: UN CUADRO DEL PAISAJISTA MARIANO RAMÓN SÁNCHEZ PINTADO PARA JOVELLANOS.  JAVIER GONZÁLEZ SANTOS. Universidad de Oviedo

lunes, 29 de noviembre de 2010

Condiciones de vida de la clase obrera







Durante los primeros años del siglo XX Gijón experimentó un constante aumento de población dirigido a cubrir la incesante demanda de mano de obra que la industrialización requería. La procedencia de la nueva población gijonesa, mayoritariamente asalariada, era, en primer lugar, de la zona rural del propio concejo y del resto de Asturias y, en menor grado, de la meseta castellano-leonesa, desplazándose familias enteras desde las zonas más pobres de Castilla en busca de trabajo.
En la última década del siglo XIX el número de obreros empleados en la industria gijonesa ascendía a 11.000, cantidad que se eleva a unos 16.000 en el cambio de centuria. Si tenemos en cuenta que la población obrera de Asturias en 1902 era de 35.609 trabajadores, se puede comprobar la importancia de la ciudad en el desarrollo industrial regional, actividad en la que Gijón reunía a casi la mitad del total de la mano de obra del sector secundario. También conocemos el volumen de la población obrera femenina gijonesa en esos años, que giraba en torno a unas 4.000 trabajadoras, mayoritariamente empleadas como cigarreras y tejedoras, cifra elevada que constituía una cuarta parte de la masa laboral local, caso excepcional en Asturias.
En la esfera laboral la jornada de trabajo normal era, en los primeros años del siglo XX, de 10 horas diarias en fábricas, talleres y actividades de construcción, aunque oscilaba según las estaciones ya que se ajustaba a la luz natural hasta que a partir de 1910 se generalizó el uso de la electricidad en las empresas. En algunos otros sectores más especializados, como el de los carpinteros y ebanistas, la jornada era algo más corto, en tomo a las 8 horas, pero en ambos casos se trabajaba durante 285 días al año pues el descanso laboral se reducía a los domingos y festivos, reducidos a quince jornadas. Las condiciones en las que se desenvolvía la actividad laboral eran pésimas, por la absoluta ausencia de prevención y la más que evidente falta de higiene y ventilación de los locales, especialmente en sectores como la metalurgia o la Fábrica de Tabacos, factores que hacían aún más penoso el desempeño de las tareas fabriles, durante tantas horas y tantos días.
Los salarios se percibían en relación directa con horario laboral, es decir, si no se asistía al trabajo por enfermedad, huelga, o cualquier otra razón, no se recibía el jornal correspondiente. Se cobraba normalmente con periodicidad semanal, pero, en ocasiones, las empresas, en represalia por algún conflicto laboral, dilataban el pago de salarios hasta hacerlo quincenal, lo que podía trastornar bastante las economías familiares. Los jornales que se pagaban en Gijón a principios de siglo oscilaban entre las 1,50 ptas. diarias, que recibía un peón, a las 3 ptas. que cobraban canteros, carpinteros, albañiles o zapateros, o las 4 ptas. de un calderero o de un herrero. Bien es verdad que había jornales más altos, a los que sólo llegaban obreros muy especializados, pero también los había más reducidos pues las mujeres solían cobrar un 50% menos, si bien se dedicaban a oficios considerados, en teoría que no en la práctica, menos agotadores.
Con estos jornales y salarios la familia tenía que hacer frente a los gastos básicos de vivienda, alimentación, calefacción y vestido. Respecto a la vivienda, había que recurrir obligatoriamente al alquiler pues no había posibilidad ni de ahorro ni de endeudamiento para su compra, optando por casas próximas a los centros de trabajo que se concentraban en los arrabales obreros (El Natahoyo, La Calzada) o en las ciudadelas de La Arena con retretes colectivos y sin fachadas a la calle. Por una casa de unos 35 m2, con cocina y dos pequeños dormitorios, se pagaban de 16 a 25 ptas. mensuales, cantidad que sólo se podía obtener reuniendo varios jornales. El segundo gasto imprescindible era el pago de los productos alimenticios básicos, caros en relación con los salarios, pues con el salario diario de un peón (1,50 ptas.) permitía comprar tres litros de leche o tres kilos de pan y con el de un carpintero (3 ptas.) equivalía a 1 kilo de carne, otro de pan y 1 litro de leche. El encarecimiento de los productos alimenticios obligaba a la población obrera a seleccionar los alimentos más baratos, como, las patatas, las verduras o les fabes, componente básicos del tradicional pote.


"El conflicto social. Cuestión social y movimiento obrero entre 1900 y 1923" en Historia de Gijón, coleccionable del diario El Comercio, José Luis Carmona, Gijón 2001

Extraído de: http://www.netcom.es/ccoo-amg/8teorprac/1900gijon/1900gijon.htm#condiciones

La fotografia de los hombres pertenece a http://www.telecable.es/personales/pachindemelas/Fotos00.htm


La fotografía de las mujeres pertenece a la Galeria de Von Aisaider Personal femeninu de la fabrica de vidrios 'La Industria' Xixón

Más información:
¨Ciudadelas, patios y callejones y otras formas similares de vida obrera en Gijón, 1860-1960¨ de. Luis Miguel Piñera Entrialgo

Un patio Gijonés. La ciudadela de Celestino Gonzalez Solar (1877-1977) de Nuria Vila Alvarez

Sociedades obreras en Gijón (1900-1910)


La Higiene, de carreteros y barrenderos
Germinal, de pescadores y marineros
El Reflejo, de pintores
La Protectora, de camareros
La Minerva, de tipógrafos
Artes Gráficas, de litógrafos y similares
El Despertar, de labrantes
El Imán, de cerrajeros
La Fusta, de cocheros
El Primero de Mayo, de obreros de El Musel
La Cantábrica, de trabajadores del muelle
La Precisa, de panaderos
La Cosmopolita, de carpinteros
La Organizadora, de oficios varios
La Concordia, de ebanistas
La Fraternidad, de obreros de la fábrica de vidrio
La Mecánica, de ajustadores y torneros
La Constructiva, de caldereros
El Trabajo, de obreros del hierro
La Unión Obrera, de aserradores mecánicos
La Velocidad, de tranviarios
Luz y Fuerza, de gasistas y electricistas
La Aurora, de panaderos
La Espátula, de modelistas y moldeadores
El Progreso, de mamposteros y albañiles
La Estrella del Arte, de constructores de carruajes
La Primera, de botelleros mecánicos
La Conciencia, de mozos de almacén y comercio
La Chispa, de broncistas y hojalateros
La Cerámica, de alfareros
El Fieltro, de sombrereros
La Preventiva, de carpinteros y ebanistas
La Sindical, de oficios varios

"El conflicto social. Cuestión social y movimiento obrero entre 1900 y 1923" en Historia de Gijón, coleccionable del diario El Comercio, José Luis Carmona Gijón 2001

Extraído de http://www.netcom.es/ccoo-amg/8teorprac/1900gijon/1900gijon.htm#condiciones

La fotografía está publicada en un libro de Publio López Mondéjar sobre la historia de la fotografía en España.
"Plantilla de obreros y empresarios de la fábrica de vidrio La Industria (Gijón, hacia 1890)"
Fotógrafo: Alfredo Truan

martes, 23 de noviembre de 2010

La Villa de Jovellanos en 1882.(6)






El aspecto de la población es el de una verdadera capital en el extenso vecindario de la parte moderna, y sobre todo, en la calle Corrida donde están los comercios más animados y en cuyas anchas aceras se reúne el paseo, durante las noches de la buena temporada, mientras la música entretiene á los concurrentes. Las edificaciones, de dos pisos, son de bien labrada sillería, con abundantes miradores en muchas de ellas, y blanqueadas y limpias en el resto. Las calles modernas, tienen posteriormente otras más estrechas con cubiertas galerías de maderas y de cristales. Hay excelentes fondas: La Iberia, El Comercio y Las Cuatro Naciones; y concurridos cafés., entre ellos el Suizo y el Oriental. Sus paseos más concurridos, además del muelle de Pando, son el de Begoña, próximo al restaurado santuario de este nombre, y el de la Iglesia ó de Valdés, delante de la. parroquia de San Pedro, con magnificas vistas sobre la playa de San Lorenzo y de los baños. Gijon tiene también un Teatro no muy concurrido y los Campos Elíseos, verdadero punto de reunión y de recreo durante la buena temporada.

Dicen las gentes qué conocen á Gijon, que si aun le falta algo á la villa para su comodidad, embellecimiento y definitivo progreso, se debe á las grandes rivalidades que en ella se agitan, luchando en dos ó tres opuestos bandos. A ellas se achaca, por ejemplo, el que no sea su Instituto una gran escuela industrial, el que la población carezca de abundantes aguas potables, y el que no se haya realizado la construcción del gran puerto de abrigo de Musel, cuyo concienzudo y difícil estudio publicó hace tanto tiempo el insigne é infatigable ingeniero Don Salustiano Regueral, el atrevido y afortunado contratista constructor de los trozos superiores del paso del ferro-carril por el puerto de Pajares, que he descrito.

Los que deseen conocer el pasado de Gijon, al través de todos los tiempos, vean la curiosa obra titulada: Historia de la villa de Gijon, de Don Estanislao Rendueles, con notas del Sr. Caveda; y los que quieran enterarse de la fisonomía y carácter de la villa, vean las inspiradas páginas del libro que con el titulo de Una villa del Cantabrico-Gijon, escribió el insigne orador, publicista y político Don Rafael M. de Labra.

De Gijon se ha dicho que es una perla y hay que añadir que está engastada entre una sarta de ellas. Si vale mucho la villa en sí, ¿cuánto no valen sus admirables alrededores? ¿Quién no ha oido ponderar las quintas y las posesiones campestres de Somió, de Deva, de Cabueñes, de Ceares, de Tremañes y de Jove? En estos bellísimos parajes, á la vista del mar, hay en efecto magníficos puntos de retiro, de descanso y de recreo, con expléndida vegetación, con elegantes edificios, con ricos regalos de mar y de tierra y en los que no falta nunca afectuosa y solícita hospitalidad. Las giras, dias de campo y romerías que en ellas se verifican, dejan inolvidables y gratísimos recuerdos.

Gijon brinda además á los hombres curiosos magníficas expediciones de verano al cabo de Torres, á Carrio, á Perlora, á Candas, á las hermosas playas de Luanco, á las minas del cabo de Peñas, á las cercanías de Gozon y á la noble é histórica Aviles, recorriendo el áspero y pintoresco camino, que apenas se separa de las playas del Océano.



"Caminos de Hierro de León, Asturias y Galicia - De Palencia a Oviedo y Gijón, Langreo, Trubia y Caldas", Ricardo Becerro de Bengoa
Cronista de Vitoria, Catedrático de Física y Química, Académico correspondiente de la Historia, etc.
Palencia, 1884, Alonso y Z. Menendez, Editores, D. Sancho, 13.

Las seis entradas, son un pequeño recuerdo, a Jovellanos en el 199 aniversario de su fallecimiento.

Gijón 5 de enero de 1744. Puerto de Vega, Navia 27 de noviembre de 1811.


El texto de las entradas está sacado de la web :http://www.xtec.cat/~cgarci38/ceta/index.htm ,contiene muchos articulos de gran interes, las fotos son de mi colección particular a excepcion de las de publicidad que pertenecen a la Biblioteca Virtual del Principado de Asturias






Los planos de Gijón Histórico: Ayuntamiento de Gijón


Para los que querais más información :

La Villa de Jovellanos en 1882. (5)









Los principales establecimientos industriales son:

La fábrica de tabacos, que ocupa el exconvento de Agustinas desde 1842, insuficiente hoy, en la que trabajan 1660 operarías con 23 maestras, que elaboran 120000 cajetillas de cigarros, 600000 de picado, 27000 kilogramos de cigarros peninsulares y 270000 comunes.

La fábrica de vidrios, de los Sres. Cifuentes, Pola y compañía: situada en el extremo sur de la villa, fundada en 1845, dirigida por los Sres. Hijos de Truan, que ocupa 540 operarios y que produce géneros tan admirables, finos y extraordinarios como los más celebrados del extranjeros.

La fábrica de conservas alimenticias de Don Anacleto Alvar González, en la calle de Ezcurdia (1867), que ocupa á 50 operarios, que elabora 100000 latas de sardina y 15000 de otros pescados cada año, surtiendo especialmente á la isla de Cuba.

La fábrica de chocolate «La Industria» y de sidra «La Asturiana» del Sr. Zarracina, Teatro y la «Primitiva Indiana» de don Narciso Estrada, en el paseo de Begoña;

La fábrica de alambres, puntas de París y fundición de hierro de Moreda y Gijon, en Natahoyo (1879), que ocupa á 250 operarios y produce cada año 36000 quintales métricos de lingotes, 29000 de hierros pudleados, 26000 de hierros y alambres laminados, 10500 de alambres estirados, brillantes y cobrizados y 10500 de puntas de París: dirijen el establecimiento los ingenieros don Isidoro Clausel y don José Martin.

La fabrica de loza «La Asturiana» de los señores don Mariano Pola y Compañía; establecida en Natahoyo en 1876, que ocupa á 300 operarios y que de sus magníficos hornos de cocion de bizcocho y de barniz y de sus grandes muflas de estampados y esmaltados obtiene 13000 quintales métricos de loza.

La fábrica de aglomerados de Pola, Guihou y Compañía en Natahoyo.

La sierra mecánica y depósito de maderas del Norte, de don Demetrio Castrillon, en Natahoyo.

Cuenta además Gijon con una fábrica de curtidos, dos de jabones y bujías, una de cerveza, ocho de conservas, cinco de yeso y cinco de salazón. Hay dos imprentas; y la publicidad está representada por los periódicos El Comercio y El Gijon. Se cuentan también nueve casas de navieros y treinta y seis respetables casas de comercio y de banca.




La Villa de Jovellanos en 1882. (4)







No hay en Gijon monumentos religiosos ni civiles que visitar: los almenados y típicos palacios de Valdés y de San Esteban escitan exteriormente tan solo, la curiosidad, y las iglesias de San Juan y de San Pedro, sobre ambas playas, nada ofrecen de artístico. La última, que es la parroquia, tiene, con las capillas, cinco naves, multitud de altares y sencillas formas, y es el lugar de predilección que visitan los viajeros cultos, para saludar la tumba del gran Jovellanos.
Visitada la tumba, es de necesidad visitar el INSTITUTO que fundó, y que lleva su nombre. Hállase situado en la calle así también llamada, frente á la del Instituto y se compone de un hermoso edificio de sillería de un solo piso, con patio interior, en cuyo claustro se abre la entrada á los departamentos siguientes: la biblioteca: el museo de bocetos, admirable colección de obras originales de artistas españoles y extranjeros que llevan al pié las firmas de Velazquez, Murillo, Cano, Carducho, Coello, Céspedes, Carreño, Goya, Durero, Rafael, Miguel Angel, Ticiano, Rembrant, Domininquin y otros y que constituye una notabilísima galería digna por sí sola de que se haga el viaje á Gijon: la clase de dibujo, el salón de actos públicos, con varios retratos y entre ellos el del insigne fundador; los gabinetes de Historia natural y Física; el gran jardin del establecimiento, excelente sitio de recreo para los alumnos; las cátedras de Matemáticas; el laboratorio; la escuela de instrucción primaria, institución modelo perfectamente dispuesta, que fundó el presbítero señor Lavandera; las dependencias de dirección y secretaría y la escuela de Náutica. El gran Jovellanos, cuya augusta iniciativa aun palpita viva por todas partes en Gijon, creó el Real Instituto Asturiano, «para enseñar las ciencias físicas y naturales, para criar diestros pilotos y hábiles mineros».... para formar un modelo de aquella educación literaria, que necesita la nación para ser instruida, en aquella especie de conocimientos, que ha despreciado hasta aquí» según las frases del inmortal autor del Informe sobre la Ley agraria, que impulsado por su genio se adelantó á su siglo y planteó de hecho la enseñanza positiva, tal cual hoy se practica en las naciones más cultas del globo. La inauguración de los estudios se hizo en 7 de Enero de 1794, las obras del edificio se empezaron en 1737, con arreglo á los planos del célebre Villanueva; durante el destierro y prisión de Jovellanos se detuvieron y profanaron varias veces, entre ellas en la invasión francesa; fue cuartel en un tiempo; después abandonado ú olvidado centro, después pobre escuela de Náutica hasta que, gracias al celo del insigne gijonés Don José Caveda, se convirtió en escuela de ingenieros, industriales y pilotos, creándose el Instituto de segunda enseñanza en 1866, bajo la acertada dirección del entendido y laborioso abogado, descendiente de Jovellanos Don José de Cienfuegos y Jovellanos. Sostienen este centro el municipio de Gijon, la Diputación provincial, y acuden á sus aulas unos 120 alumnos por término medio.

¡Con qué respeto contemplamos esta obra y pronunciamos el nombre del varón preclaro los que amamos la enseñanza, de todo corazón! Al visitar el Instituto sentimos, en efecto, según él decía, que: «desde el sepulcro predica que se estudie continuamente la naturaleza que solo se busquen en ella las verdades útiles, para. consagrar toda la aplicación, toda la sabiduría y todo el celo al bien de su patria y al consuelo del género humano.» Lo cierto es que casual ó necesariamente bien ha fructificado la semilla de sus predicaciones en el pueblo de Gijon, ya que en torno á su via férrea carbonera, de las primeras de España, se levantan en sus calles y en sus cercanías tantos importantes centros industriales, y viven tantos de sus hijos de «aquella especie de conocimientos tan despreciados hasta aquí» fundados en las ciencias físicas y naturales.

Cuenta la villa además del Instituto y de los estudios de Náutica y de aplicación al Comercio y á la Industria, con una Escuela de Artes y Oficios á la que acuden 140 alumnos.

La Villa de Jovellanos en 1882. (3)






Entran y salen en este puerto anualmente unos 2100 buques de cabotaje, que representan más de 300000 toneladas métricas, con 20000 tripulantes y unos 150 buques de carrera exterior que hacen 18000 toneladas con 3000 tripulantes. El comercio de importación es general de granos, harinas, maderas, hierros, aceites, azúcar, tabaco y bacalao y el de exportación se refiere á hierros, vidrios, carbón, zinc, manteca, sidra y conservas. Los valores de ambos, correspondientes al año de 1882 fueron estos:

Importación: Bandera española; 2.617,244 pesetas;
» » extranjera 3.260,120 »
Exportación: » española 36,808 »
» » extranjera 385,067 »

La Sociedad del Fomento de Gijon, recientemente fundada, para aprovechar los terrenos inmediatos á la nueva playa y ensanchar la población construyendo también una gran dársena, está realizando la considerable y urgente mejora de unir la Estación de Castilla con la villa, en un trayecto de más de 600 metros, con una magnífica avenida de 20 metros de anchura, en la que se han empezado á construir excelentes edificios con elegantes y amplios soportales, por bajo de los cuales se podrá ir en todo tiempo, a resguardo de las constantes lluvias, de esta zona, desde Gijon á la vía férrea. Este gran pensamiento, no solo producirá tal ventaja, sino que cambiará por completo la entrada de la villa, que es hoy de lo más feo y prosaico que puede verse, á consecuencia de estar ocupada por el ferro-carril carbonero de Langreo, que se extiende por todo el frente de la playa manchándolo de carbón, dejando para el paso una horrorosa callejuela y quitando á Gijon su primer atractivo. La nueva calle dará lugar á que se hagan también hermosas fachadas hacia el mar, embelleciendo extraordinariamente el pueblo y el puerto y formando á la orilla de este un elegante paseo, de que hoy carece.

La Villa de Jovellanos en 1882. (2)






Gijon debió tal vez su nombre a la gente ibérica, que pobló las playas y montes de toda la cordillera y que denominó el promontorio en que arraigaron aquí, entre los dos cabos: Eguí-gon, esto es: sitio estrecho ó recogido, alto y bueno; cuya palabra se convirtió después en Xixon por la suave tendencia del lenguaje bable. Dícese que los romanos establecidos en esta localidad, cerca de su famoso centro de las Aras Sextianas del Cabo de Torres, alzaron un templo y unos baños á la Fortuna, según una lápida, así como otros á Apolo y á Hércules. Predicó aquí el Evangelio San Torcuato, discípulo de Santiago. El duque de Cantabria Favila erigió un palacio que habitó después Don Pelayo. Los árabes, mandados por Munuza, ocuparon por algún tiempo la villa y se cree que el vencedor de Covadonga asentó en ella su Corte. Escasa importancia tuvo durante largos siglos, hasta que siendo del señorío de Don Rodrigo Alvarez de las Astúrias, recayó en Don Enrique de Trastamara y fue el foco de la resistencia de éste contra su hermano el rey Don Pedro el Cruel. Al triunfar aquel, pasó su señorío á su hijo bastardo Alonso Enriquez, que ambicioso y turbulento vivió en perpetua rebelión contra los monarcas castellanos, hasta que la villa fue sitiada y quemada en 1393, dependiendo en adelante siempre de la corona.

Poco á poco logró después restaurarse, derribando la muralla que la cercaba por el mediodía, por el Humedal, construyendo el muelle viejo ó Cay á fines del siglo XVI, el palacio de Valdés, la iglesia de San Juan y el palacio de San Estéban en el siglo XVII y el muelle nuevo en el XVIII. Al aparecer á fines del mismo el genio de Jovellanos empezó Gijon á desarrollarse, como movido por un gigante y aun continua viviendo en alas del progreso entonces iniciado.

Se extienden desde Gijon por ambos lados, como queda dicho, dos grandes playas curvas ó golfos, la de Oriente de San Lorenzo ó mar de Somió, cuya costa tiene unos tres kilómetros y la de poniente, de siete de recorrido en el que se ven: la playa de Pando, desde la base de Santa Catalina con los puertos viejo y nuevo; la punta y vuelta de Coroña y la de Orreo y Musel hasta el cabo de Torres. Sobre el muelle viejo arrimado á Gijon y donde anclan la mayor parte de los buques de poca capacidad, avanza la muralla de los cargaderos ó drops del ferro-carril de las minas de Langreo, y en el muelle nuevo ó de Liquerique, así llamado del nombre de su constructor (1864), atracan los grandes buques, acercándose al paredón que vá á formar la entrada del puerto general, con el antiguo murallon, derivada de la montaña de Santa Catalina.

La Villa de Jovellanos en 1882. (1)












Gijon, la patria de Jovellanos, la perla de Asturias, la villa capital de la industria y de la marina, se asienta, como señora de estos imponentes mares, en el centro avanzado de una gran concha, que tiene la forma de una e mayúscula manuscrita, cuyo extremo occidental está formado por las playas de Musel y el cabo de Torres, y cuya curva opuesta oriental es el cabo de San Lorenzo. En el avance del medio se alza el promontorio península de Santa Catalina, con su faro, y en su falda meridional el convento de San Agustín, hoy fábrica de tabacos, y los apretados, sinuosos y pendientes callejones de marineros de la población vieja, sobre el ostentoso palacio de los marqueses de San Esteban del Mar y sobre la iglesia de San Juan, hacia el puerto de Pando y sobre la iglesia de San Pedro y paseo de Valdés, hacia las playas de San Lorenzo. Desde esta linea se dilata considerablemente la villa moderna hacia el Sur, en revueltas calles primero, en el núcleo situado entre las dos playas, y en correcta formación después, en grandes líneas paralelas, que son las calles de San Bernardo, Instituto, Moros y Corrida, cortadas perpendicularmente por otras, como la de Jovellanos, Merced y San Antonio, cuyo conjunto, que se asemeja en cierta manera á la distribución de los pueblos industriales americanos, termina en el paseo de Begoña. Entre esta parte regular y las estaciones de Langreo y de Coroña se estienden otras calles de aspecto más modesto, así como al lado opuesto, hacia la playa de San Lorenzo y la carretera de Villaviciosa, se prolonga también la población en bastante espacio.

Se alzan dentro de esta área 1450 casas que forman dos plazas, once plazuelas y ochenta calles, cuyo vecindario componen 13.600 habitantes. El desarrollo de la villa ha sido muy considerable, puesto que á principios del siglo solo contaba 7.860 habitantes; en 1.850, 8.948, y en 1.865 12.800.

El verdadero Gijon bien puede decirse que es todo moderno, en su forma y en sus aspiraciones, y que apenas tienen importancia ni la villa vieja, ni su historia. Sin embargo, al pronunciar su nombre, al contemplar sus escasos restos de otros siglos y las señoriales huellas que aun ostenta, es entretenido el recordar, siquiera sea á la ligera, sus antiguos tiempos.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

GIJÓN. 1879



NUESTRO PUERTO ES INSUFICIENTE

Los vapores suspenden faenas por faltas de sitios de atraque.
Hemos tenido ocasión de ver en la fundición de D. Anselmo Cifuentes uno de los ganguiles que ha de servir para la limpieza de la dársena de Gijón.
Bien lo necesitamos, por que nuevamente la dársena y antepuerto estan atestados de buques. Otra vez los vapores tienen que suspender sus faenas por falta de sitios de atraque donde efectuarlas. Otra vez hubo necesidad de telegrafiar a Coruña y Santander para que los vapores suspendan la salida de aquellos puertos por no haber hueco en el nuestro donde colocarse, y dos días hace que una corbeta se aguanta a la vela, en las inmediaciones de la costa por la misma razón. Los numerosos cargamentos de maquinaria, hierros, carbones, minerales, madera, harinas, cristaleria, maiz, etc ocupa considerable número de carros, que no sólo obstruyen por completo los tránsitos del muelle, sino algunas calles de la villa. Comprendemos lo imposible o por lo menos muy difícl que es conservar en ellas la limpieza que se nota en otras poblaciones, casi exclusivamente dedicadas al tránsito de los vecinos y alguno que otro carruaje.
El movimiento, pues, es extraordinario, y extraordinaria la animación y la vida, vida y animación que no falta quien desee trasladar a buena distancia de nosotros, por ejemplo al Musel, con el pausible objeto de trocar este industrial bullicio en el silencio de los cementerios.


Extraido del libro: Testigo de la Historia, 125 años. El Comercio 1878-2003

El Comercio. Anuncio y Noticias 1878

SEPTIEMBRE

  • El municipio de gijon tiene 31.320 habitantes.
  • Salen a subasta en Madrid las obras del tunel ferroviario de Pajares.
  • Varios buques británicos han llegado a puerto para cargar avellanas asturianas.
  • Exposición del Santo Sudario en la Catedral de Oviedo.
  • Robo de dinero y de distintos objetos en el comercio de los Cuatro Cantones.
  • Se ha aprobado la construcción de una nueva dársena en el antepuerto, cuyas obras comenzaran la primavera próxima.

OCTUBRE

  • Se ha fundado en Gijón una sociedad cooperativa.
  • Aprobado el expediente de la carretera de Villaviciosa a El Puntal con un presupuesto de 48.605,09 pesetas.
  • Se ha iniciado el curso escolar con 59 escuelas primarias a las que asisten 4.927 alumnos.

NOVIEMBRE

  • Llegada Gijón de cinco religiosas del Santo Angel de la Guarda que se proponen establecer un colegio en la Plazuela de la Soledad.
  • Festividad organizada por la Cofradia de Santa Cecilia que incluye un programa musical, la misa y el reparto de cien libras de pan a los pobres.

DICIEMBRE

  • Toma de posesión del nuevo Gobernador Civil de la provincia, Sr. Salido.
  • Se ha procedido a rellenar la última parte de la calle Uría hacia la salida de los Campos Elíseos.
  • Dimisión del Alcalde de Gijón y del resto de la Corporación.

Extraido del libro: Testigo de la Historia, 125 años. El Comercio 1878-2003




martes, 16 de noviembre de 2010

El Comercio. 1878


Tras la desaparición de El Productor Asturiano, Gijón se había quedado sin un periodico diario al servicio de la comunicación interna de sus 30.000 habitantes y en la defensa de los intereses de la ciudad. Para soslayar este vacío ha salido El Comercio, un nuevo periodico con vocación de futuro, que tiene el objeto de servir a los intereses de la ciudad. Sus promotores son destacados prohombres locales, ligados a las empresas (Anselmo Cifuentes, Oscar Olavarría, Calixto Alvargonzalez), a la banca (Florencio Valdés) o a la política (Angel García Rendueles) que consideran que un medio de prensa es imprescindible para proyectar el futuro de Gijón en el contexto de la primera revolución industrial. Con éste fin los socios capitalistas han adquirido la imprenta del Comercio, que será la sede del periodico y que aportará la cabecera para el nuevo medio, y han comprado nueva maquinaria para asegurar la salida diaria a la calle. Contando con una novedosa tecnología, se ha organizado un cuerpo de redacción con los mejores escritores y periodistas de la ciudad.El director será inicialmente José Sierra, que ya lo era de la imprenta adquirida, y el redactor jefe Jenaro Junquera y Plá, antes director del diario republicano El Productor Asturiano. Posteriormente la dirección la ejercerá Calixto Alvargonzalez, uno de los socios fundadores. En la redacción figuran Gerardo Uría, Celestino Margolles y Anselmo Cienfuegos y participan tambien un grupo de colaboradores con los mejores especialistas de la ciudad en distintas materias : julio Somoza, Fernando García Arenal, Servando Ruiz Gomez, Victorino Bravo, entre otros.

El periódico, en sus cuatro páginas, contendrá informaciones de los corresponsales de Madrid y de otras ciudades españolas, ademas de noticias telegráficas y revista de la prensa internacional. La última página se dedica diariamente a la información publicitaria que puede ser de interés para los gijoneses y los asturianos: compañias navieras (viajes, precios), comercio al por menor, anuncios oficiales y judiciales, ofertas de compra y venta, presentación de espectaculos,

El diario El Comercio vió la luz el 2 de setiembre de 1878.
Extraido del libro: Testigo de la Historia, 125 años. El Comercio 1878-2003

lunes, 15 de noviembre de 2010

¡Vete a ver la Ballena!




La ballena del Piles.
Anteayer, como día festivo, se convirtió la ería del Piles y las inmediaciones en donde se halla varada la ballena, en verdadera romeria, con sus barracas y bailes correspondientes. Tanto el puente construido para el arrastre de materiales sobre el río, como otros provisionales instalados con el objeto de explotarlos y los varios carros, algunos de los llamados del pais allí dispuestos para el transporte de personas, se vieron durante todo el día completamente llenos de gente.
Cuando llegamos al sitio en donde fué arrastrada la ballena por varias parejas de bueyes y el auxilio de la marea, apenas si se podía dar un paso, tal era la aglomeración de curiosos que habian acudido a observar los trabajos preparatorios de aprovechamiento del animal.
Mide este, unos 21 metros de largo y su cabeza, de grandes dimensiones, está guarnecida por los dos lados de la mandibula superior de multitud de láminas córneas a manera de cepillo, que es lo que suelen llamarse barbas. Tiene la piel bastante dura y de unos 3 centimetros de espesor, muy porosa e impregnada de una sustancia oleosa que le dá un aspecto liso y untuoso; en la parte inferior tiene una capa de tejido grasiento, que no bajará de 15 centimetros. La grasa es de un olor fuerte y repugnante: el aceite, que tambien participa de estas propiedades, es muy estimado para usos domesticos y para las industrias. El color de la ballena presenta todos los tintes desde el negro al blanco. se supone que no bajará de de 30 a 35 pipas el aceite y grasa que se extraiga. Un amigo nuestro nos ha dicho que hace 36 años que no se vió en Gijón un cetáceo de esta especie. El esqueleto de la ballena ha sido cedido por los dueños del vapor que la pescó al Gabinete de Historia Natural de nuestro Instituto. En resumen que el vapor Sultán ha hecho una buena pesca y ha proporcionado durante estos días un medio de distracción económico e higienico a la vez, por el paseo que dan las personas para ir a ver el cetáceo.
Diario El Comercio. 15-x-1895

sábado, 13 de noviembre de 2010

Plano de Gijón. Año 1912

Para los que les gusten los mapas y los planos dejo este enlace del Ayuntamiento de Gijón, donde encontrareis mapas y planos históricos, desde el año 1634 hasta el año 1998, algunos son muy curiosos.

http://www.gijon.es/callejero/#0

lunes, 1 de noviembre de 2010

Plano de la ciudad de Gijón.Año 1962

Tengo uno igual enmarcado,le tengo mucho cariño por que es del año que nací ,pero es muy grande para escanearlo y este lo saqué del libro Gijón a escala. La ciudad a través de su cartografía.El autor es Francisco Javier Granda Álvarez, está editado por el Ayuntamiento de Gijón,en agosto de 2003.