lunes, 29 de noviembre de 2010

Condiciones de vida de la clase obrera







Durante los primeros años del siglo XX Gijón experimentó un constante aumento de población dirigido a cubrir la incesante demanda de mano de obra que la industrialización requería. La procedencia de la nueva población gijonesa, mayoritariamente asalariada, era, en primer lugar, de la zona rural del propio concejo y del resto de Asturias y, en menor grado, de la meseta castellano-leonesa, desplazándose familias enteras desde las zonas más pobres de Castilla en busca de trabajo.
En la última década del siglo XIX el número de obreros empleados en la industria gijonesa ascendía a 11.000, cantidad que se eleva a unos 16.000 en el cambio de centuria. Si tenemos en cuenta que la población obrera de Asturias en 1902 era de 35.609 trabajadores, se puede comprobar la importancia de la ciudad en el desarrollo industrial regional, actividad en la que Gijón reunía a casi la mitad del total de la mano de obra del sector secundario. También conocemos el volumen de la población obrera femenina gijonesa en esos años, que giraba en torno a unas 4.000 trabajadoras, mayoritariamente empleadas como cigarreras y tejedoras, cifra elevada que constituía una cuarta parte de la masa laboral local, caso excepcional en Asturias.
En la esfera laboral la jornada de trabajo normal era, en los primeros años del siglo XX, de 10 horas diarias en fábricas, talleres y actividades de construcción, aunque oscilaba según las estaciones ya que se ajustaba a la luz natural hasta que a partir de 1910 se generalizó el uso de la electricidad en las empresas. En algunos otros sectores más especializados, como el de los carpinteros y ebanistas, la jornada era algo más corto, en tomo a las 8 horas, pero en ambos casos se trabajaba durante 285 días al año pues el descanso laboral se reducía a los domingos y festivos, reducidos a quince jornadas. Las condiciones en las que se desenvolvía la actividad laboral eran pésimas, por la absoluta ausencia de prevención y la más que evidente falta de higiene y ventilación de los locales, especialmente en sectores como la metalurgia o la Fábrica de Tabacos, factores que hacían aún más penoso el desempeño de las tareas fabriles, durante tantas horas y tantos días.
Los salarios se percibían en relación directa con horario laboral, es decir, si no se asistía al trabajo por enfermedad, huelga, o cualquier otra razón, no se recibía el jornal correspondiente. Se cobraba normalmente con periodicidad semanal, pero, en ocasiones, las empresas, en represalia por algún conflicto laboral, dilataban el pago de salarios hasta hacerlo quincenal, lo que podía trastornar bastante las economías familiares. Los jornales que se pagaban en Gijón a principios de siglo oscilaban entre las 1,50 ptas. diarias, que recibía un peón, a las 3 ptas. que cobraban canteros, carpinteros, albañiles o zapateros, o las 4 ptas. de un calderero o de un herrero. Bien es verdad que había jornales más altos, a los que sólo llegaban obreros muy especializados, pero también los había más reducidos pues las mujeres solían cobrar un 50% menos, si bien se dedicaban a oficios considerados, en teoría que no en la práctica, menos agotadores.
Con estos jornales y salarios la familia tenía que hacer frente a los gastos básicos de vivienda, alimentación, calefacción y vestido. Respecto a la vivienda, había que recurrir obligatoriamente al alquiler pues no había posibilidad ni de ahorro ni de endeudamiento para su compra, optando por casas próximas a los centros de trabajo que se concentraban en los arrabales obreros (El Natahoyo, La Calzada) o en las ciudadelas de La Arena con retretes colectivos y sin fachadas a la calle. Por una casa de unos 35 m2, con cocina y dos pequeños dormitorios, se pagaban de 16 a 25 ptas. mensuales, cantidad que sólo se podía obtener reuniendo varios jornales. El segundo gasto imprescindible era el pago de los productos alimenticios básicos, caros en relación con los salarios, pues con el salario diario de un peón (1,50 ptas.) permitía comprar tres litros de leche o tres kilos de pan y con el de un carpintero (3 ptas.) equivalía a 1 kilo de carne, otro de pan y 1 litro de leche. El encarecimiento de los productos alimenticios obligaba a la población obrera a seleccionar los alimentos más baratos, como, las patatas, las verduras o les fabes, componente básicos del tradicional pote.


"El conflicto social. Cuestión social y movimiento obrero entre 1900 y 1923" en Historia de Gijón, coleccionable del diario El Comercio, José Luis Carmona, Gijón 2001

Extraído de: http://www.netcom.es/ccoo-amg/8teorprac/1900gijon/1900gijon.htm#condiciones

La fotografia de los hombres pertenece a http://www.telecable.es/personales/pachindemelas/Fotos00.htm


La fotografía de las mujeres pertenece a la Galeria de Von Aisaider Personal femeninu de la fabrica de vidrios 'La Industria' Xixón

Más información:
¨Ciudadelas, patios y callejones y otras formas similares de vida obrera en Gijón, 1860-1960¨ de. Luis Miguel Piñera Entrialgo

Un patio Gijonés. La ciudadela de Celestino Gonzalez Solar (1877-1977) de Nuria Vila Alvarez

8 comentarios:

  1. Muy interesante tu post. Casi no nos imaginamos hoy día lo que significaba sobrevivir en épocas todavía muy cercanas. Lo de la "ciudadela" no lo había oído nunca. Supongo que equivaldrían a los "callejones", sin agua corriente, servicios públicos...Por otra parte el estar sindicados todos les daba una fuerza social considerable... Y sin la mano de obra el empresario tampoco tenía nada que hacer, puesto que la máquina no existía prácticamente. Es bueno tener todos estos datos para entender todo lo que sucedió. Gracias por tu trabajo.

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  2. Ese Mario es el Mirlo. Lo que pasa es que tengo dos blogs y no me aclaro con esto de la cuenta....

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  3. Salarios mensuales por oficios en el año 1913.
    Cigarreras 62,20 pesetas
    Mozo de servicio 83,83
    Tornero 85,83
    Afilador 93,33
    Prensador 93,75
    Preparador 93,76
    Carpintero 98,33
    Fogonero 108,33
    Las mujeres siempre cobrando menos que los hombres,costumbre que ha llegado hasta nuestros tiempos.
    La fábrica de tabacos de Gijón(1837-2002)
    Luis Arias Gonzalez
    Angel Mato Díaz

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  4. En aquellos tiempos todos los miembros de la familia contribuían a la economía. Trabajaban hasta los niños. Había que sobrevivir a toda costa. Muchos pocos hacen un mucho. En fin, esas cifras las tendríamos que comparar con las salidas: alquiler, alimentación, vestido y calzado... Vida dura. Ya nos diste una idea el otro día. Gijón, ciudad industrial. ¿En qué ha quedado todo? ¿Sigue siendo Gijón una ciudad industrial? Me temo que no. De todas esas fábricas me parece que no queda ninguna. Bueno, tenemos todavía Ensidesa...

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  5. Asi es Mirlo tú lo has dicho, no queda nada de lo que habia.

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  6. Extraido del libro, Un Patio Gijones (La ciudadela de Capua)de Nuria Vila Alvarez.
    ¨Las ropas de uso diario eran pocas, pòr lo que, a la vuelta del trabajo, las mujeres debian de ocuparse de lavar la ropa del marido y los niños para que al dia siguiente las pudiesen utilizar. Debido al lluvioso clima asturiano, algunos vecinos de la ciudadela cuentan que se veian obligados a permanecer en casa sin salir esperando que se secase la ropa por que no tenian mas muda¨

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  7. Muy buen post.

    Me gusta.

    Te dejo un enlace a mi blog

    http:://lafuentedeva.blogspot.com

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    1. Gracies Berto,he visitado tu blog y me gusta, descubrir coses de Deva que desconocia y eso que cuando andaba en bici era raro el día que no pasaba por allí. Un saludo.

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