martes, 23 de noviembre de 2010

La Villa de Jovellanos en 1882. (2)






Gijon debió tal vez su nombre a la gente ibérica, que pobló las playas y montes de toda la cordillera y que denominó el promontorio en que arraigaron aquí, entre los dos cabos: Eguí-gon, esto es: sitio estrecho ó recogido, alto y bueno; cuya palabra se convirtió después en Xixon por la suave tendencia del lenguaje bable. Dícese que los romanos establecidos en esta localidad, cerca de su famoso centro de las Aras Sextianas del Cabo de Torres, alzaron un templo y unos baños á la Fortuna, según una lápida, así como otros á Apolo y á Hércules. Predicó aquí el Evangelio San Torcuato, discípulo de Santiago. El duque de Cantabria Favila erigió un palacio que habitó después Don Pelayo. Los árabes, mandados por Munuza, ocuparon por algún tiempo la villa y se cree que el vencedor de Covadonga asentó en ella su Corte. Escasa importancia tuvo durante largos siglos, hasta que siendo del señorío de Don Rodrigo Alvarez de las Astúrias, recayó en Don Enrique de Trastamara y fue el foco de la resistencia de éste contra su hermano el rey Don Pedro el Cruel. Al triunfar aquel, pasó su señorío á su hijo bastardo Alonso Enriquez, que ambicioso y turbulento vivió en perpetua rebelión contra los monarcas castellanos, hasta que la villa fue sitiada y quemada en 1393, dependiendo en adelante siempre de la corona.

Poco á poco logró después restaurarse, derribando la muralla que la cercaba por el mediodía, por el Humedal, construyendo el muelle viejo ó Cay á fines del siglo XVI, el palacio de Valdés, la iglesia de San Juan y el palacio de San Estéban en el siglo XVII y el muelle nuevo en el XVIII. Al aparecer á fines del mismo el genio de Jovellanos empezó Gijon á desarrollarse, como movido por un gigante y aun continua viviendo en alas del progreso entonces iniciado.

Se extienden desde Gijon por ambos lados, como queda dicho, dos grandes playas curvas ó golfos, la de Oriente de San Lorenzo ó mar de Somió, cuya costa tiene unos tres kilómetros y la de poniente, de siete de recorrido en el que se ven: la playa de Pando, desde la base de Santa Catalina con los puertos viejo y nuevo; la punta y vuelta de Coroña y la de Orreo y Musel hasta el cabo de Torres. Sobre el muelle viejo arrimado á Gijon y donde anclan la mayor parte de los buques de poca capacidad, avanza la muralla de los cargaderos ó drops del ferro-carril de las minas de Langreo, y en el muelle nuevo ó de Liquerique, así llamado del nombre de su constructor (1864), atracan los grandes buques, acercándose al paredón que vá á formar la entrada del puerto general, con el antiguo murallon, derivada de la montaña de Santa Catalina.

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