viernes, 31 de diciembre de 2010

Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo


Mis mejores deseos para todos en este año que comienza, año importante para los Gijoneses con todos los eventos que en homenaje a Jovellanos, en el 200 aniversario de su muerte, se celebraran en nuestro querido Xixón.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Gijón en la Maleta Mexicana.










La «maleta mexicana», con fotos de Gijón

«La maleta mexicana» es el título de la exposición que se muestra estos días en el Internacional Center of Photography (ICP) de Nueva York. Y no tiene nada de alegórico. Lo que se enseña es, por fin, el contenido de una maleta que durante décadas (desde 1939 hasta hace muy pocos años) se creyó extraviada en algún punto entre París y México. Un paquete que, a su vez, contenía varias cajas de cartón con negativos y más de 4.000 imágenes que tres «grandes» del fotoperiodismo tomaron en distintos escenarios de la guerra civil española. Uno de ellos, Asturias.

Ninguno de los autores a los que perteneció la maleta está aún vivo para revisar el material al que, con gusto, se han dedicado los expertos del Centro Internacional de Fotografía de Midtown, en Manhattan. No en vano en sus manos tenían trabajos originales de Robert Capa, su compañera sentimental y profesional Gerda Taro -fallecida en Brunete arrollada por un tanque-, y David «Chim» Seymour. Los tres -sobre todo Capa- están considerados unos precursores del nuevo periodismo en escenarios de guerra y los tres gráficos comenzaron a forjar su leyenda a base de practicar en la contienda española nuevas fórmulas del reportaje independiente. Capa y Seymour son, además, miembros fundadores de la agencia fotográfica Magnum, una de las primeras cooperativas de fotógrafos del mundo.

De esos maestros son las imágenes que ahora se exhiben en Nueva York. Y entre el contenido seleccionado de esa maleta -que durante tiempo fue objeto de millones de miradas, por si en ella estuvieran los originales de la famosa foto del miliciano abatido de Capa, que se teme que sea fruto de un montaje.
Es posible que puedan verse algunas de las imágenes tomadas por Chim Seymour en las calles de Gijón. Algunas de ellas, si no se están viendo ahora en Nueva York, casi seguro que se podrán ver el próximo año en Gijón, en la exposición que prepara Héctor Blanco, experto en urbanismo, sobre los bombardeos en la ciudad.

Blanco, conocedor por algunas revistas de la época de que Seymour había pasado por Asturias en su periplo periodístico, y que suyas eran algunas imágenes conocidas de la batalla de Oviedo, se puso en contacto a primeros de año con el ICP para localizar alguna imagen de este lote. «Sabía que ya les había llegado el contenido de la famosa “maleta mexicana”, que además de negativos contiene una especie de dietario donde o bien los propios fotógrafos o alguien que les ayudó, se identifica mínimamente el contenido, y me interesé por saber si había algo de lo hecho en Asturias. Fue una consulta un poco aventurada, por saber si podía haber algo. Para mi sorpresa, desde el Centro Internacional me remitieron las imágenes de dos tiras de negativo, en total creo que son como 20 ó 30 fotos, hechas en Gijón, aunque también hay también varias del frente de Oviedo. En contraprestación yo les identifiqué con más exactitud la localización de las fotos, porque algunas eran muy evidentes», explica Blanco.

Aún no tiene autorización expresa del ICP para la exhibición de las imágenes, pero espera conseguirla para cuando esté lista la exposición que, con motivo del 75 aniversario del inicio de la Guerra Civil española, prepara sobre los bombardeos en Gijón. Fue una idea que presentó -y le aceptaron- a la concejalía de Cooperación Internacional y Asuntos de la Memoria Histórica, al frente de la cual está el portavoz de IU, Jesús Montes Estrada.

«No vamos a mostrar sólo esas fotos, ni mucho menos. La exposición contendrá imágenes del archivo de Constantino Suárez, de la Biblioteca Nacional y de otras fuentes», explica Héctor Blanco, para quien el valor fundamental de las fotos asturianas que ahora tiene del fundador de Magnum es «que muestran la guerra desde una visión muy cotidiana, al menos en lo que respecta a las imágenes de Gijón. Algunas son del cuartel de Simancas, otras de gijoneses pasando por las calles, hay una del Café Manacor…».

A él lo que más le llamó la atención y le gusta es una serie de cinco o seis fotos «de unos niños jugando en una casa en ruinas, se supone que bombardeada. Es una escena bastante insólita y, a la vez, supongo que muy corriente en una contienda como la que se vivió. En concreto, los niños están en un solar de la calle Jesús, y es una casa abandonada que aún existe», cuenta Héctor Blanco.

Si esa es una imagen «insólita», más lo es saber que en la «maleta mexicana» había documentos de Gijón.


El articulo está sacado de: http://www.lne.es/gijon/2010/10/11/maleta-mexicana-fotos-gijon/978845.html

MAS INFORMACIÓN

http://www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/ziff/indexsp.html

http://museum.icp.org/mexican_suitcase/castella/historia.html

lunes, 13 de diciembre de 2010

Los Tranvias de Gijón












Gijón contó desde el siglo XIX con el servicio de tranvía. En principio utilizaron la tracción animal
hasta la implantación de la instalación eléctrica. Las cocheras de la Compañía de Tranvías de Gijón, estaban instaladas en El Bibio. Casi enfrente de la plaza de Toros. La parada llamada en los billetes "Cocheras" estaba en la misma acera del coso, esquina con una calle que llamábamos de Carrascosa porque en ella se ubicaba un taller de chapistería con este nombre. En esta singular calle, cerrada al paso de carruajes por la simple implantación vertical a su través de trozos de raíl, vivía Gabi, que ya mencioné.

Lindaba con esta calle el solar de la plaza de toros, que disponía de un muro de algo más de un
metro de altura, que recorríamos los niños habitualmente en vez de utilizar el suelo. A mayor
interés, había gran cantidad de raíles de tranvía depositados en el suelo a lo largo de dicho muro,
que ponían a prueba nuestras habilidades de equilibristas. A un lado del taller de Carrascosa había una central eléctrica para suministrar corriente continua a las líneas del tranvía.

El tranvía de Gijón "ni tien trole ni tien nada, que lo que lleva en techu ye clavada una guiada". Esta letrilla popular se refiere al primitivo sistema de toma de corriente de los vehículos tractores. Yo no los conocí. En mi niñez ya se utilizaba el pantógrafo. La catenaria estaba formada por dos cables paralelos sostenidos por alambres a las edificaciones contiguas a lo largo del recorrido. En los lugares que carecían de edificaciones eran sostenidos por altas columnas metálicas. Al estilo de los indios de las praderas, auscultábamos estas columnas para averiguar si el tranvía se acercaba o se alejaba. Como se trataba de vía única, en caso de que supieras hacia dónde había pasado el último, podías predecir si había llegado al próximo cruce o no, con lo que calculabas el tiempo de espera. El coche motor, era cerrado. Disponía de accesos, por ambos lados, en las partes delantera y trasera. Dichos accesos disponían de unos estribos para alcanzar las plataformas. En el centro de la plataforma delantera y trasera, había una barra vertical que servía de agarradero a los viajeros.

Mirando al frente, en ambas direcciones, se encontraba el reóstato de control y la rueda para el
freno manual. En el suelo el conductor colocaba una clavija en un agujero; clavija que golpeaba con el tacón con lo que hacía sonar una campana que avisaba de la presencia del tranvía. Entre las plataformas, el espacio para los asientos, se cerraba con puertas correderas. Acristalado, con
grandes ventanales que sólo eran practicables en la parte superior, este espacio disponía de
asientos, dobles a un lado del pasillo e individuales al otro. Tanto los asientos como los respaldos
eran de listones de madera, los respaldos podían girar longitudinalmente con lo que los asientos se podían orientar en ambos sentidos. A los largo del pasillo había unas barras para sujetarse los
viajeros de pie y corría una correa de cuero que hacía sonar una campana en la plataforma y servía para solicitar al conductor la parada del vehículo. El cobrador era el encargado de dar la señal para reiniciar la marcha. Exactamente iguales al coche motor, había coches remolque, sin el reóstato de gobierno. Las señales al conductor las efectuaba el empleado cobrador con la ayuda de un silbato.

A los remolques, los llamábamos jardineras. Durante el verano, las jardineras "cerradas" se
sustituían por las "abiertas". Estas eran muy típicas y originales. El techo estaba sostenido por
unos postes colocados a intervalos regulares a ambos lados del carruaje. Con el mismo intervalo,
unos asientos corridos, de lado a lado, con respaldo de una sola pieza, pivotante sobre unos bujes
colocados en los postes por lo que los ocupantes viajaban siempre sentados dando frente al sentido de la marcha. Existía una amplio espacio entre el asiento extremo y la chapa de la carrocería, plataformas que eran ocupadas por viajeros de pie. A lo largo de ambos lados de la carrocería había sendos estribos corridos que, además de servir para la subida y bajada de viajeros, eran utilizados por el cobrador para desplazarse a lo largo del vehículo para efectuar su tarea. En caso de aglomeración, tanto los estribos de las jardineras, como los de los coches tractores, eran ocupados por verdaderos racimos humanos que de manera inverosímil se apiñaban en ellos. Más sorprendente era que, a pesar de la multitud, el cobrador recorría adelante y atrás las jardineras.

En una ocasión que yo presencié, uno de estos trabajadores no consiguió superar el obstáculo y
calló a la calzada aparatosamente, por fortuna sin lesionarse.
Los tranvías de Gijón, sufrieron numerosos percances con otros vehículos a medida que el parque automovilístico fue aumentando. En ocasiones, a causa de una colisión, el tranvía se salía del carril, con lo que quedaba interrumpido el tráfico en toda la línea, a no ser que el percance ocurriera en un cruce de las vías. También en ocasiones se originaron atropellos, muchos de ellos porque los viajeros subíamos y bajábamos en marcha. La forma menos peligrosa de hacerlo era utilizando la salida por la plataforma trasera, porque en caso de caída las ruedas ya habían pasado, por lo que no podían ser muy graves las lesiones. Entre "cocheras" y "el Molinón" no había parada en dirección Somió. Además únicamente había un cruce de calles, el tráfico era escaso, por lo que posiblemente era el tramo en que el tranvía adquiría mayor velocidad. Dicho cruce de calles (con parada en dirección centro), estaba más cercano a mi casa que la parada de cocheras, por lo que me apeaba en marcha con asiduidad. El problema mayor consistía en la columna del tendido eléctrico situada a unos diez metros de la esquina. Me colgaba del estribo trasero, esperaba a sobrepasar la columna y saltaba a la acera, seguía corriendo para evitar la caída a causa de la inercia y debía frenar antes de llegar a la esquina. Ayudaba el que la acera estaba construída de cemento por lo que no había peligro de resbalones.

Existían tres líneas de tranvía: Gijón-Somió, Gijón-Musel y Gijón-El Llano. Las líneas, como queda dicho, eran de vía única, por lo que había diversos cruces, que estaban situados aproximadamente cada mil metros.
En la línea de Somió, los cruces estaban situados en la calle de Jovellanos; frente al cine Los
Campos; en el barrio de El Molinón, frente al antiguo Hospital de Caridad; el último, unos
centenares de metros después de La Guía. El itinerario partía desde "el muelle" y discurría por las calles de Corrida, Munuza, Moros, Jovellanos, San Bernardo (en el trozo de la plaza del parchís), Menéndez Valdés, plaza de San Miguel (Evaristo, no el arcángel), Uría, General Mola, Avenida de la Liberación, La Guía, carretera de Somió, y daba la vuelta a la plazoleta de Villamanín, ya en la parroquia de Somió.
A veces se reforzaba el servicio con otro coche motor entre el muelle y cocheras. El servicio
ordinario consistía en coche motor y un remolque; en verano el remolque podía ser una o dos
"jardineras". El refuerzo únicamente consistía en coche motor porque no había lugar para girar,
sino que se daba la vuelta a los respaldos de los asientos y el conductor se colocaba en la plataforma que pasaba a ser delantera en el sentido inverso al que hasta entonces había llevado. Para indicar en los cruces al conductor del comboy que circulaba en sentido contrario que había un segundo vehículo llevaba el primero un disco con un semicírculo rojo y otro blanco.
La línea a El Musel hacía el recorrido desde el muelle hasta la primitiva estación del ferrocarril de Carreño, en las proximidades del edificio de la Junta de Obras del Puerto, antes de llegar al dique norte. El recorrido era: muelle, Marqués de San Esteban, Mariano Pola, subida de Santa Olaya,
seguía hasta el inicio de la Avenida de la Argentina girando en Cuatro Caminos hacia la avenida de Eduardo Castro y seguía toda la carretera a El Musel, por la margen izquierda, pasando por La Calzada, Jove, El Muselín. Los cruces estaban situados en Marqués de San Esteban, a la altura de Astilleros Ojeda; Natahoyo, junto al Dique Duro Felguera; La Calzada, frente a La Constructora; en Jove, a la altura de Marítima del Musel. El refuerzo se hacía hasta el cruce de Constructora Gijonesa. Como al final de la línea no se giraba en torno a plazoleta alguna, había una instalación de cruce, con ayuda de la cual, se cambiaba la disposición de los coches: Se desenganchaba el remolque, el coche motor avanzaba hasta el cambio de agujas, cruzaba en dirección contraria y enganchaba por la otra cabeza al remolque. Vuelta de los asientos y cambio de orientación del conductor.

Las dos líneas mencionadas tenían en común el recorrido que hacían en el muelle para reiniciar los trayectos, alrededor de la manzana de casas enmarcadas por la calle Trinidad, plaza de El Marqués y Muelle de Oriente.
La Línea de El Llano, la menos conocida, iniciaba su trayecto en el paseo del Humedal y recorría
desde su inicio la avenida de Schultz, carretera de El Llano, o Carbonera, hasta el Llano de Arriba, en el cruce de esta avenida con la antigua Carretera del Obispo o Carretera a Contrueces. Tenía únicamente un cruce, poco antes de la iglesia de La Milagrosa y el servicio era prestado por coches motor, sin remolque, porque no había posibilidades de hacer el cambio de posición de los coches. El fin de trayecto se llamaba en el billetaje "Orueta" en el Llano de Arriba, parada situada junto a la antigua fábrica de aquel nombre.

Este era el transporte público en Gijón, ecológico, económico, pero que adolecía de una
infraestructura insuficiente, por ser de vía única, para una población en constante crecimiento.
Yo no conocí los tranvias, pero leyendo este texto es como si me hubiera subido en uno y diera un paseo por Gijón.
El texto esta sacado del libro H I S T O R I E T A S
I N F A N T I L E S (Década de los cuarenta)
y el autor es CARLOS M. FERNANDEZ SANCHEZ :http://www.astursalamanca.com/documentos/los_tranv%C3%ADas_de_Gij%C3%B3n.htm

jueves, 9 de diciembre de 2010

Gijón. La Vista de San Lorenzo y Campo Valdés.



En 2001, con motivo de las obras de reforma de la Casa Consistorial de Gijón, se localizó en los sótanos del consistorio una pintura en lienzo, de formato apaisado (43'5 x 86 cm, dimensiones de bastidor original), que representaba una antigua vista urbana de Gijón tomada desde la playa de San Lorenzo, enfocando el Campo Valdés, con el viejo templo parroquial, las Torres de Valdés y su capilla, y la casa-torre de Jove-Hevia, con su aneja capilla consagrada a san Lorenzo.
El deterioro del cuadro era grande, procediendo a su restauración en enero febrero de 2002. Posteriormente, en el mes de marzo, fue depositado por el Ayuntamiento gijonés en el Museo Casa Natal de Jovellanos presentado al público el 6 de agosto de 2002. Desde entonces, figura expuesto en su colección permanente, en el área dedicada a Jovellanos .
Se trata de un cuadro inédito, de finales del siglo XVIII, y de gran valor artístico e iconográfico por tratarse de una pieza rara en el panorama de la pintura regional. Por su semejanza con otras vistas marítimas, técnica compositiva, enfoque, cromatismo y estilo, y a pesar de no estar firmado, es una pintura original de Mariano Ramón Sánchez, un pintor especializado en países, marinas y miniaturas que trabajó para el rey Carlos IV, primero como príncipe de Asturias y, a partir de 1788, siendo ya monarca.

Pero si esto resulta interesante, no lo es menos saber que el cuadro procede de la colección reunida por don Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) en su casa natal, en cuyo cuarto
de estrado consta que estuvo desde la primavera de 1796 hasta, al menos, 1944-1950, momento
en que el Ayuntamiento de Gijón adquirió este inmueble para transformarlo en museo municipal.

Por todo, la Vista de San Lorenzo es una pieza de singular valor, no sólo artístico, sino también documental por ser un testimonio único, muy expresivo y fidedigno de la antigua urbanización del Campo Valdés, de una parte del barrio de Bajodevilla y del sector más occidental de la playa de San Lorenzo, que ocupa todo el primer término del cuadro. Pero también reviste un gran valor histórico por tratarse de una importante pieza, por fortuna recuperada e identificada, de la malhadada y desperdigada pinacoteca que tan afanosamente había ido reuniendo Jovellanos.


La Vista de San Lorenzo y Campo Valdés de Gijón muestra una panorámica muy precisa y detallada del sector más occidental del arenal gijonés. Tomada desde la propia playa (más o menos a la altura de la actual Escalera número 3), enfoca todo el Campo Valdés, con el viejo templo parroquial de San Pedro (destruido el 24 de agosto de 1936), una parte del Campo de la Atalaya en el cerro de Santa Catalina, el palacio barroco de las Torres (hoy, colegio del Santo Ángel), con su capilla aneja de Nuestra Señora de Guadalupe (conjunto erigido a lo largo del primer cuarto del siglo XVII); un poco más retirada, la casa de los Jove-Llanos (enfocada por la rampa de las Pescaderías Viejas, coincidente con la actual Escalera número 2)y,en el margen derecho de la tela, la casa-torre de los Jove-Hevia (del tercer cuarto del siglo XVII) con la capilla (fechada en 1668) y el paredón de San Lorenzo. Fue esta capilla la que dio nombre a la extensa playa al oriente del viejo Gijón.

El texto pertenece a :
LA VISTA DE SAN LORENZO Y DEL CAMPO VALDES DE GIJÓN: UN CUADRO DEL PAISAJISTA MARIANO RAMÓN SÁNCHEZ PINTADO PARA JOVELLANOS.  JAVIER GONZÁLEZ SANTOS. Universidad de Oviedo