miércoles, 16 de febrero de 2011

Derribo de las Pérgolas del Muro.








Aprobada por el Consistorio en 1939 la nueva de alineación (y las Ordenanzas especiales de construcción) de la Avenida de Rufo Rendueles, en 1945 el arquitecto municipal Avelino Díaz y Fernández Omaña presentó el proyecto definitivo , en el que se establecía una latitud de 40 m en vez de los 30 m que tenía en aquellos momentos, tomando como perfil transversal una acera de 17 m sobre la playa; una calzada de 18 m y otra acera de 5 m, en la linde con las propiedades de la derecha, en dirección al río Piles. El proyecto de Avelino Díaz, dividía la ejecución de la obra en tres fases: la primera, la construcción de un muro de contención de tierras en la alineación de la derecha, la fábrica de la semicalzada de esa margen, la colocación del bordillo de la acera, la construcción de ésta y las obras de saneamiento de esta parte de la vía. La segunda comprendía la semicalzada restante y la colocación de bordillo en la acera de la izquierda, así como las obras del subsuelo correspondientes. La tercera fase consistía en el levantado de la acera existente sobre la playa y la construcción de la nueva con un ancho de 17 m, proyectándose, inicialmente, hacerla a base de hormigón rayado (como estaba la parte de Capua al Ayuntamiento).
Ejecutadas las dos primeras fases (para las que se pidió auxilio económico al Ministerio de la Gobernación), en 1952, el Ayuntamiento convoca un concurso de ideas al objeto de adecuar el diseño y la ornamentación de la avenida a las características y al espléndido marco geográfico en que se desarrolla. El proyecto ejecutado, firmado por Avelino Díaz en colaboración de Juan Manuel del Busto, Miguel Díaz Negrete, José Antonio Muñiz y Juan Corominas, fija un ancho máximo de 9 m de paseo libre para la parte del mar y establece varios lugares de estancia protegidos de las inclemencias climáticas con celosías de hormigón armado, las pérgolas, incluyendo los servicios de bar (totalmente protegido y cubierto) y evacuatorios . El diseño, atendiendo a la estética del paseo, concede mucha importancia a los pavimentos, construyéndolos de losas prefabricadas con almendrilla de mar y mortero coloreado con sienas y fajas y dados de granito. En lo relativo a la circulación rodada, se establecen estratégicamente pasos de peatones de seis metros de ancho (dejando otros 6 metros a cada lado para desembarco y descarga de los
automóviles), y se proyectan aparcamientos en batería para coches y bicicletas, habilitando para éstas un carril en la parte central de la calzada, protegido con cajoneras para plantas, finalmente no realizado. La ornamentación del paseo se completa con el amueblamiento propio de este tipo de espacios: farolas sobre columnas de fundición, bancos de mampostería grosera con asientos y respaldos de madera y el acompañamiento vegetal, con macizos de jardinería, setos de espino albar y pittosporum y un centenar de tamarindos.
Las obras, adjudicadas a la empresa local Gargallo, se presupuestaron en 3.668.000 pesetas, siendo recibidas por el Ayuntamiento en el verano de 1955.

En 1972, la Comisión Municipal Permanente encarga un informe al arquitecto municipal para valorar las posibilidades de conservación de las estructuras y evaluar el coste que representaría para las arcas municipales su demolición. Álvarez Sala es partidario de mantener las pérgolas pero eliminando su uso estacional, planteando la conveniencia de llevar a cabo un ambicioso programa de reforma de las instalaciones para su transformación en una suerte de “restaurante típico”, con grandes comedores acristalados y cubiertos y bar-cafetería. El elevado importe del proyecto, superior a los 2 millones de pesetas, motivó el rechazo de la Permanente, optándose por acometerlas en su estado original, procediendo en su caso a la ejecución de las reparaciones más urgentes, en los aseos y cubiertas.

Mi agradecimiento a Juan Carlos Amores por cederme tan amablemente las fotografías, y a Jose Angel Toraño por ponernos en contacto.

Fco. Javier Granda Álvarez

HISTORIA DE LA OBRA PÚBLICA MUNICIPAL EN GIJÓN (1938-1978)

1 comentario:

  1. Muy buenas las fotos, da pena recordarlas. Aunque al final de su vida no es que fueran muy útiles como terrazas ,yo hubiera apostado por mantenerlas y remozarlas con nuevos usos.

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