martes, 31 de mayo de 2011

Gijón. Raros, Disidentes y Eterodoxos


Lenin, de procesión en Cimavilla
El pintor gijonés Evaristo Valle conoció a Lenin, el líder de la Revolución rusa, en el París de 1908. Allí, cuenta la historia, jugaron una partida de ajedrez. De ese conocimiento surgió un guiño de Valle a Lenin en su cuadro «La procesión», donde Vladimir Ilich Ulianov compartía protagonismo con vecinos clásicos de Cimavilla, un cura y pobres de solemnidad en una procesión en honor de la Virgen de los Remedios. Valle pintó ese cuadro en 1917, el mismo año de la Revolución rusa.


Canijo
Segundo Fano Suárez era un orfebre profesor de la Escuela de Artes y Oficios que, a mediados del siglo XX, tenía un pequeño taller en el barrio del Carmen. Además de hacer ciguas de azabache contra el mal de ojo, cultivaba singulares historias sobre su vida y exhibía una más que curiosa vestimenta.

Julianón
Julián Álvarez Pérez, más conocido como «Julianón», fue el sacristán más popular que tuvo la iglesia de San Pedro. Allí estuvo durante cincuenta y cinco años. Nacido en Cimavilla, entró en la parroquia cuando tenía 22 años y era párroco José Frade. Sólo la enfermedad lo apartó de San Pedro, donde fue homenajeado.


Mujeres toreras en El Bibio
Las crónicas hablan de la actuación en El Bibio de las hermanas Palmeño en agosto de 1934. Pero no fueron las únicas y, sobre todo, no fueron las primeras. A principios de siglo El Bibio ya vio pasar a Angelita, Pepita y Sorianita. También pasó en plena gira por plazas de España y Portugal María Salomé Rodríguez, «La Reverte». A su muerte corrió el rumor de que era un hombre, aunque la verdad es que se disfrazó como tal para saltarse la prohibición de que las mujeres toreasen.


Ciclistas sin piernas
Pablo Serrano y Fernando Palencia, madrileños de 41 y 25 años respectivamente, pasaron por Gijón a mediados de 1958 cumpliendo la promesa de recorrer toda España en bicicleta. El motivo de curiosidad entre los gijoneses era que ambos, zapateros de profesión, eran mutilados. A uno le faltaba la pierna derecha, y al otro la izquierda. Un año antes habían ido en bicicleta hasta París y Roma, donde fueron recibidos por el Papa.



Gijoneses fuera de serie

Luis Miguel Piñera convierte su libro «Raros, disidentes y heterodoxos» en un homenaje público a personajes singulares y anónimos del Gijón de 1850 a 1950

Luis Miguel Piñera se encontró al transformista Leopoldo Frégoli, al sugestionador Onofroff, al forzudo Ramiro Fernández y al torero Kregel Bhas Lestpes en las esquinas de los periódicos. Allí donde casi nadie mira porque se está más interesado en seguir el hilo de los grandes titulares. Y desde esas esquinas de periódicos amarillentos por el paso del tiempo el historiador gijonés ha reconstruido las vidas de esos personajes, y sobre todo su paso por Gijón, para darles todo el protagonismo que se merecen entre las 400 páginas de su «Raros, disidentes y heterodoxos. Personajes de Xixón entre 1850 y 1950», el libro que esta tarde se presenta en el Pueblu d'Asturies. «Nadie habló de ellos, nunca salieron en los libros de historia. Esas son las personas que a mí me interesan. En el índice onomástico de este libro no está sólo Jovellanos... están el Patatu, Tomasa la Sillera, Enrique el Afilador», explica el cronista de las pequeñas historias locales y habitual colaborador de LA NUEVA ESPAÑA.

Este libro es la tercera entrega del proyecto de recuperación de la memoria social de Gijón, que se desarrolla desde la concejalía que lidera Jesús Montes Estrada y sale a la luz en una coedición del Ayuntamiento de Gijón y KRK Ediciones. Antes, y con la misma firma de autor, llegaron «Posguerra incivil. Vencidos y vencedores en Gijón entre 1937 y 1940» y «Jóvenes de izquierda en Xixón (1960-1980). A ese trabajo se suma la edición de un boletín que también coordina Piñera con pequeñas reseñas sobre la historia cotidiana gijonesa desde el siglo XIX. Este gijonés de 1951 ha realizado en la última década importantes trabajos sobre realidades tan diversas de la vida gijonesa como la pasión de sus vecinos por la música pop o las condiciones de vida de los obreros en ciudadelas y callejones.

Este último proyecto de Piñera sobre hombres y mujeres fuera de lo común cuenta con un prólogo de otro «curiosu» de la vida gijonesa, el escritor y periodista Pachi Poncela. El joven Poncela reivindica la singularidad de Gijón y la alienta. «A Gijón le va la heterodoxia. No sólo la tolera; la asimila. Si según precepto evolucionista la función crea el órgano, los gijoneses de antaño crearon y fueron perfeccionando la coña marinera para asumir tanta rareza como ha ido llegando a nuestra orilla durante los últimos milenios», se puede leer en su texto introductorio al exhaustivo trabajo de Piñera. «¡Viva la diferencia!» es su grito de guerra.

A la hora de ordenar a sus muchos raros, disidentes y heterodoxos, Luis Miguel Piñera ha optado por organizarlos en cinco capítulos con títulos y subtítulos tan llamativos como «fenómenos humanos y otros artistas» o «colosos, hércules y gentes de mala vida», por poner sólo unos ejemplos. «Con los raros me refiero tanto a fenómenos físicos como el hombre más gordo o la mujer barbuda, que vivían de ir de feria en feria exhibiéndose, como a gente peculiar en sus actividades; y en los disidentes coloco a todos aquellos que se oponían a la ley vigente, aunque sin meterme en cosas de política», explica el autor, que deja bien claro que ahora «en Gijón no hay gente tan rara físicamente porque la medicina avanzó mucho; pero gente zumbadeta sí que hay. Personajes que te encuentras por la calle durante un tiempo y que luego marchan y nunca más se vuelven a ver. En Gijón siempre hubo muchos raros».

Además, Piñera vincula su interés personal de muchos años por las cuestiones que tienen que ver con la religión y los enterramientos en capítulos dedicados a la actividad de los protestantes en Gijón, a los cementerios civiles y las despedidas laicas y a ejemplos playos de anticlericalismo. También hay un singular acercamiento a las irreverencias y la blasfemia en Gijón que incluye una lista de cincuenta y dos cagamentos asturianos y un repaso a refranes ofensivos hacia los religiosos.

«Este libro se centra en aquellas personas que tanto por circunstancias naturales como ideológicas no eran -o se negaron a serlo- como la mayoría de la sociedad de su época», explica Jesús Montes Estrada en su introducción al libro.

R. VALLE . La Nueva España. Lunes 19 de julio de 2010

Libro adquirido en

jueves, 26 de mayo de 2011

Gijón 1913. Catástrofe en El Musel









Un siglo de la mayor catástrofe de El Musel

El martes 25 de febrero de 1913 fue un día aciago para Gijón. Una explosión controlada en una ladera de El Musel para extraer relleno con el que construir la Estación Marítima del puerto ocasionó la muerte de 22 personas. 'Horrorosa hecatombe', titulaba al día siguiente EL COMERCIO, que narraba con pelos y señales un infausto accidente que cogió por sorpresa a unas 300 personas que habían acudido al puerto a presenciar lo que tenía que haber sido un espectáculo de la ingeniería, ideada por el contratista de la obra, Antonio Alvargonzález.
Ocurrió hacia las seis y diez de la tarde. Al colocar el explosivo, se dudaba de que tuviera la fuerza suficiente, debido a las condiciones del terreno, por lo que se utilizaron seis toneladas de pólvora y dinamita. El resultado fue que los presentes recibieron «un violento chorro de tierras que nublaron el espacio». Poco a poco, se pudo comprobar la magnitud de la tragedia. Cuerpos desmembrados y numerosos heridos, incluso en alguno de los barcos que estaban atracados en los muelles de El Musel.
Las crónicas de la época explican que en la montaña había ocultas entre la piedra grandes vetas de arcilla que no resistieron la fuerza de la explosión, produciendo una lluvia de piedras y rocas sobre todo aquel que se encontraba en los alrededores.
Las labores de auxilio fueron penosas. Médicos y sanitarios con camillas de Cruz Roja, Paz y Caridad, y la Casa de Socorro acudían en todo tipo de vehículos al puerto para socorrer a las víctimas. Los heridos eran trasladados en barca hasta el Muelle, desde donde los llevaban al Hospital de Caridad, ubicado en lo que hoy es El Náutico.
Uno de las primeros muertos en ser reconocidos fue el contratista de la obra, Victoriano Alvargonzález, mientras que entre los heridos más graves estaban algunos personajes ilustres de la ciudad, como el concejal Francisco Prendes Pando o el ingeniero Eduardo Castro, que al final conseguirían salvar la vida.
La conmoción en la ciudad fue tal que muchísimos vecinos se echaron a la calle y acudieron al puerto a ayudar y a recibir noticias. Incluso, los teatros Jovellanos y Dindurra suspendieron los espectáculos que tenían programados en señal de duelo.
Las víctimas
En un primer momento se registraron 19 fallecidos, pero otros dos de los heridos más graves acabarían muriendo días después. Además de Victoriano Alvargonzález, fallecieron por la tremenda explosión Lorenzo Morán, Adolfo Toral, Celestino Busto, Cástor Nieto, José Iglesias Sorribas, Eusebio Alonso García, Agustín Castro Villares, Antonio Delgado, Miguel Fernández, Álvaro García, Bernabé García, Antonio García Cueto, Emilio García Pérez, Alfonso Guarido Casado, Cástor Lajo, su hijo Eulalio -había acudido al lugar para despedirse de su padre e incorporarse a filas-, Jacinto Pérez Aparicio, Anacleto Rico González, Adolfo Torres y Remigio Valverde. Más tarde, la familia de Miguel López también reivindicó que su pariente había fallecido en este escabroso suceso, siendo la víctima 22.
La alarma llegó incluso a Madrid. El propio ministro de Fomento, señor Villanueva, acudió a Gijón a interesarse por lo sucedido. Fue recibido por el alcalde en funciones, Joaquín Menchaca, y su equipo de gobierno, que junto al director general de Administración Local, Luis Belaunde; el general gobernador, señor Brualla; el gobernador civil, señor Canella, y otras autoridades, visitaron el lugar del accidente para después trasladarse al Hospital de Caridad, donde se interesaron por el estado de los heridos.
Los jardines del centro sanitario sirvieron también de inicio al imponente cortejo fúnebre organizado para los primeros 19 fallecidos. Comenzó a las cinco de la tarde, si bien una hora antes «las calles de Jovellanos, Cabrales y Pidal eran hormigueros: la inclemencia del tiempo, pues a la hora crítica cayó un chaparrón, no fue capaz de diseminar la apretada multitud, que impávida soportó el aguacero. No obstante la animación, el aspecto de aquellos lugares era lúgubre», rezaban las crónicas.
La comitiva se puso en marcha, encabezada por una sección de municipales y otra de guardias de seguridad. A continuación, la Banda Infantil de Música, la cruz parroquial de San Pedro y los 19 féretros llevados a hombros por obreros municipales, siendo el último el de Victoriano Alvargonzález. A continuación, la banda militar del Príncipe, una sección de la guardia municipal, la Banda de Música de Gijón y el clero de las tres parroquias locales. De seguido, el ministro de Fomento, el obispo Francisco Baztán y Urizar, el alcalde y otras autoridades civiles y militares. También acudió el alcalde de Oviedo, José Cuesta, con 16 de sus concejales.
El recorrido fue la calle Cabrales, Jovellanos, San Bernardo y subida hacia el cementerio de Ceares. Al paso de la comitiva ante el domicilio social del Orfeón Asturiano, sus componentes cantaron el 'Miserere', de Perosi, mientras que la orquesta del Dindurra ejecutó la 'Marcha fúnebre' del maestro Maya.
La del 25 de febrero de 1913 permanecerá siempre como una de las fechas más fatídicas de la milenaria historia de Gijón.

 MARCO MENÉNDEZ . Diario El Comercio. 17de Febrero de 2013.

 




miércoles, 25 de mayo de 2011

Gijón. Pescadores a la Mar










Ahora que ya está ahí el veranín, empiezan las costeras del bonito y la sardina.
Aquí os dejo unas imagenes en el recuerdo que saben a mar, y ¨guelen¨ a aquellos barcos repletos de pesca que llegaben al viejo puerto a descargar a la rula.

Gijón. Publicidad año 1921


Gijón. Campo Valdés y Colegiata







lunes, 23 de mayo de 2011

Gijón. Festival Melodia de la Costa Verde

















De aquel viaje iniciático aún me salpica la lluvia en el recuerdo. Un¨orbayu¨impertinente que me alejaba de la playa que, luego en los innumerables veranos de mi vida artistica en la capital de la Costa Verde, se manifestaría en toda su magnifica belleza.(Del prólogo de Miguel Rios al libro Pop Playu).

jueves, 19 de mayo de 2011

Gijón. La Pescadería












Nuevo Mercado de la Pescadería
Si bien la promoción privada había dotado a la villa de dos mercados cubiertos con capacidad, entidad arquitectónica y tamaño adecuados –los de Jovellanos y del Sur- destinados a la venta básicamente de productos cárnicos y agrícolas, a los que había que sumar al municipal de San Lorenzo; la venta de pescado no había conocido más ubicación que la limitada construcción levantada tras el nuevo Ayuntamiento mediado el siglo XIX.
Estas instalaciones se encontraban ya antes de que finalice esta centuria totalmente desfasadas, tanto por su escasa capacidad como por el progresivo deterioro de su estructura. Por ello el intento de materialización de unas nuevas instalaciones para la pescadería municipal se inicia ya durante la década de 1910, con un proyecto que también recoge las dependencias de una lonja.
El proyecto fue trazado por Miguel García de la Cruz en 1915, siguiendo el modelo del mercado vigués de El Berbés, y para cuya ubicación se barajó un solar municipal emplazado entre las calles Instituto, Santa Elena, Melquíades Álvarez y Contracay; resultando el proyecto finalmente fallido por la inviabilidad de su financiación.
La ejecución del proyecto definitivo y, tan importante como él, la delimitación del terreno definitivo para su ubicación aun tuvo que esperar más de una década.
El nuevo mercado de la pescadería partió de un proyecto preliminar realizado por García de la Cruz en 1922 –en el que quedó definitivamente establecido el corte clasicista de su exterior, que fue definitivamente definido en 1927 por este mismo técnico con un presupuesto de ejecución establecido en 509.985’87 Ptas.
Para materializar esta construcción se compuso una parcela de 1.100 m2 obtenida de sumar al solar del mercado de San Lorenzo, la superficie de la calle Fuente de la Plaza y de la manzana que quedaba limitada por este vial, el antiguo mercado, y la calle Melquíades Álvarez; operación que no sólo permitió obtener un terreno adecuado sino, que además facilitó que se fijase para la alineación de su lateral principal –el que da frente a la playa- la determinada por la parte trasera de la casa Consistorial y la torre de los Jove-Hevia. Esta configuración permitió –tras el derribo de la pescadería vieja- despejar definitivamente la fachada urbana entre el Campo Valdés y el arranque de la calle Cabrales.
El proyecto original creaba un edificio de dos plantas, comunicadas por 8 montacargas y con accesos independientes desde el exterior, contando la superior con un total de 126 puestos para venta de pescado, mientras otros 16 destinados al despacho de marisco se ubican en el sótano donde también se situan servicios comunes del mercado como lavaderos, cámaras frigoríficas, sala de decomisos, almacenes, aseos y un espacio para lonja.
Las obras, ejecutadas por la empresa Giménez y Cia., fueron iniciadas en 1928 y concluidas en la primavera de 1930; incorporándose al proyecto de García de la Cruz otro firmado por el ingeniero José María Sánchez del Vallado para que la estructura del edificio fuese realizada con un esqueleto de hormigón armado.
Esta intervención sirvió también para concluir la fachada oriental de la plaza mayor, ya que esta construcción va a contar como anexo con las dos plantas de esta crujía, que faltaban por levantar sobre los arcos que permitían el acceso a la travesía que comunica la plaza Mayor con la calle Melquíades Álvarez.
En servicio desde marzo de 1930 hasta finales de 1991, el inmueble sólo conserva hoy su fachada, estando destinado a dependencias municipales tras remodelarse mediada la década de 1990.



Texto extraido del libro: LA OBRA PÚBLICA MUNICIPAL (1782-1937)
Por HÉCTOR BLANCO GONZÁLEZ
Mi agradecimiento a Ruben Torres de www.solofotosantiguas.com por prestarme dos fotos para la entrada.