martes, 28 de junio de 2011

Gijón. Verano de 1961














Y Gijón crecia y crecia, no solo a lo largo y ancho, sino que también a lo alto. El boom urbanistico y la especulación que había comenzado a mediados de los cincuenta seguía a comienzos de los sesenta, ahora le tocaba el turno a La Playa, en los diarios locales se podian ver anuncios de venta de pisos en ¨el lugar más bello de Gijón¨. Por otra parte se potenciaba el turismo con aquel slogan de Gijón capital de la Costa Verde, la ciudad donde nadie es forastero etc.
Aunque la realidad era otra, Gijón tenia carencias como el alumbrado, alcantarillado, agua, sobre todo en los barrios existentes y en los de nueva creación. ¡Ay el grandonismo gijones! se miraba la cara en la playa y en el centro y daba la espalda a todo lo demás.

jueves, 23 de junio de 2011

Gijón bajo las bombas. CMI del Coto





Para los que no tuvisteis la ocasión de verla en la biblioteca pública Jovellanos, vuelve la exposición Gijón bajo las bombas, esta vez en el Centro Integrado Municipal sito en El Coto.
También podeis aprovechar la ocasión para visitar el parque del fotógrafo Constantino Suarez, que está al lado, en la calle Maria Cristina entre las calles Feijóo y Quevedo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Gijón. Cafetería México Lindo. 50 Aniversario







Cafetería México Lindo, en el corazón de La Playa

Hoy hace cincuenta años que abría sus puertas la cafetería México Lindo, cientos de anecdotas nos podría contar José Martinez, ya que lleva cuarenta y cuatro años al frente del negocio.
El México Lindo siempre fue un referente de la playa, antes cuando te preguntaban una dirección siempre se decia está antes o despues de llegar al Mexico Lindo. Hace años leí un articulo de un diario local, donde se decía que los barcos cuando entraban en el Musel tomaban como referencia el edificio donde está situado el México Lindo.
La profesionalidad de Jose,(Leonés de Mansilla de las Mulas), y su acierto al rodearse de buenos profesionales, hace posible que este aniversario se cumpla, así como su clientela fiel que a pasado de padres a hijos.
Por esto quiero felicitar al México, a Jose, Jesús, Kike y Diego. Feliz 50 aniversario.

martes, 14 de junio de 2011

Gijón. Verano de 1965













El día de Asturias en Gijón, un clásico del verano gijones, les carroces como soliamos llamarlo, les terraces de Begoña y la calle Corrida, la Feria de Muestras, los anuncios de Ike, La Casera, La Estrella de Gijón, chocolates Kike, La Playa, El Muelle, Cimavilla, Don Pelayo. Imagenes para aquel año de 1965, disfrutad de ellas tanto como disfruto yo buscandolas por la Hemeroteca de Gijón

viernes, 10 de junio de 2011

Gijón. Parque del Fotógrafo Constantino Suárez



















El parque del fotógrafo

HÉCTOR BLANCO Y LUIS MIGUEL PIÑERA Desde ayer los ciudadanos gijoneses pueden pasear, pueden descansar, pueden meditar en el parque del fotógrafo Constantino Suárez. En El Coto se encuentra ese espacio verde, muy cerca de donde estaba la cárcel del distrito. Desde ayer quedó ya, oficialmente, en el callejero local, el nombre de un gijonés ejemplar que no tuvo honores en vida.

Nació en el año 1899 y murió en 1983, y es justo que ahora se reconozca su labor como verdadero -como casi único- fotoperiodista de la Asturias de la década de 1920, durante la primera mitad de la de 1930 y, especialmente, de la zona republicana durante la Guerra Civil. Constantino Suárez murió en la más completa soledad, sin el reconocimiento que merecía. Autor de una amplísima obra que hoy se conserva en la fototeca del Muséu del Pueblu d'Asturies, fue a partir de 1937 uno de los numerosos vencidos en una ciudad, en un país, donde los que habían defendido la legalidad republicana eran «los malos»; encarcelados muchos (Constantino Suárez pasó años en la cárcel de El Coto), obligados a exiliarse otros, cuando no pasados por las armas tras unos simulacros de juicios.

Suárez sale por última vez de la prisión de El Coto en el año 1957 y debe ganarse la vida como fotógrafo «clandestino», ya que carecía del carné oficial de fotógrafo exigido para trabajar, al haberle sido retirado por las autoridades franquistas como represalia. Sin embargo, fue incrementando su obra fotográfica con imágenes que son, como las que realizó en las décadas anteriores, un ejemplo de memoria colectiva, de compromiso, de amor hacia Asturias y hacia Gijón, y reflejando a ciudadanos que dan la cara. Como siempre hizo Suárez.

Dos factores determinaron la vida profesional y personal de Constantino Suárez: ser un pionero y ser un perdedor. Ninguno de ellos puede olvidarse hoy para entender plenamente su figura.

Profesionalmente, su actividad como fotógrafo tuvo en su momento gran repercusión mediática, siendo un imprescindible en la prensa local gijonesa desde comienzo de los años veinte hasta 1937, y también una presencia anónima pero constante durante las décadas posteriores en las que, sin tan siquiera citar su nombre, sus fotografías fueron continuamente reutilizadas sin su permiso.

Este último factor fue la muestra más evidente de lo que Suárez vivió a partir del 21 de octubre de 1937: el ostracismo personal y profesional más absoluto, incluyendo el expolio de sus derechos de autor, todo ello sin ninguna justificación legal ya que sus únicos «delitos» fueron haber sido un profesional visionario, trabajador y comprometido. Pero mostrar públicamente la realidad de la guerra, especialmente entre la población civil, fue imperdonable para el régimen franquista.

No puede extrañar que los últimos años de Constantino Suárez fuesen esencialmente descorazonadores: solo, presenciando una transición que obviaba la vuelta de la República que él había esperado durante cuarenta años, sumido en la pobreza y en el olvido. Pero ni en esas circunstancias el fotógrafo perdió su dignidad profesional, y así reclamó en vano sus derechos a la par que salvaguardó a toda costa su archivo fotográfico.

Posiblemente nunca sepamos los avatares que corrió la colección de Constantino Suárez para sobrevivir durante más de dos décadas mientras él fue detenido y encarcelado, mientras su casa fue saqueada, mientras su nombre fue obviado en los pies de foto. ¿Dónde se ocultaron aquellas cajas de cartón con casi diez mil negativos?, ¿quién lo ayudó? Son interrogantes que envuelven un auténtico milagro, culminado con su adquisición por el Ayuntamiento de Gijón en 1993, gracias al cual hoy podemos ver gran parte del pasado más significativo de Gijón y de Asturias durante el siglo XX.

Por ello, son justos tanto el reconocimiento como el agradecimiento público, traducidos en la pervivencia de su nombre en un hermoso espacio verde y abierto, muy próximo a ese lugar -gris y cerrado, la desaparecida prisión de El Coto- donde vivió algunos de los peores días de su vida.

La Asociación Profesional de Fotoperiodistas Asturianos, APFA, tiene mucho que ver con este homenaje. Bien lo entienden estos fotógrafos del siglo XXI: Suárez no fue sólo un fotógrafo local, es un fotógrafo global, universal; a la vez testigo y protagonista de su tiempo.
La Nueva España. Viernes 10 de junio de 2011
Fotografías de la inauguración del parque. APFA

jueves, 2 de junio de 2011

Gijón. Cine Goya













Nació con nombre palaciego y murió entre ratas y juzgados, pero entre una y otra fecha habían transcurrido 71 años, la edad estadística de vejez y a seis años vista de la referencia jubilar, todavía, de los 65 años. Poco más de siete décadas en las que el cine Goya pasó por casi todos los estadios cinematográficos posibles, excepto por el de sala de estreno, si bien lo hizo con un éxito desigual. Lo cierto, no obstante, es que la imagen que queda de las largas percepciones de tiempo suele ser la del final y, en este caso, al viejo Goya Cinema no le favorece, empequeñeciendo una trayectoria de la que ya sólo guardan recuerdo unas pocas generaciones. Las que ya eran adultas cuando cerró, en 1981, con el sello de 'cine S' y unas instalaciones insalubres.
Empezó bien, siendo concebido como el primer edificio de Gijón construido específicamente para albergar un cine. Nos remontamos a 1909, fecha de inicio de la construcción de un cinematógrafo que se inauguró un año después con el nombre de Versalles, denominación que algunos estudiosos relacionan con la fuerte influencia de la cultura francesa en la idiosincrasia gijonesa. Aunque no se conoce el nombre de su arquitecto, el resultado que permanece en la retina de los ciudadanos es el de una construcción racionalista que sufrió distintas intervenciones hasta que llegó a esa puerta estrecha, como la de un portal de viviendas, y a esa considerada cornisa surgida para proteger de la lluvia a los numerosos espectadores que hacían cola para sacar la entrada.
Pero todo ello no llegó hasta 1937 y por aquel entonces, ya con el nombre de Goya Cinema, mientras medio mundo se había rendido al cine sonoro, la sala de reestreno gijonesa emitía todavía sólo proyecciones mudas. «Un grupo de músicos que tocaba allí, entre los que se encontraba Baldomero Álvarez Céspedes, compraron el Goya pero para seguir manteniéndolo como cine mudo. No se rindieron hasta que la guerra lo cambió todo y, una vez finalizada, se incorporó ya al cine sonoro», reseña el director de la Filmoteca de Asturias, mientras recuerda que en el tiempo en que exhibía el nombre de Versalles era «el más barato de Gijón».
Juan Bonifacio Lorenzo, como aquellos que todavía recuerdan su particular distribución de sillas corridas, unidas e incómodas, evoca un supuesto patio de butacas descendente, que resultaba más barato que el primer piso porque quedaba a la altura de la pantalla. Pero los que aún peinan canas más largas y pagaban una perra por entrar, cuentan que el suelo era de albero, que por aquellos años el gerente del Goya se llamaba Leonardo y que la chavalería le cantaba: 'Leonardo, danos la perra que ya la vimos'.
«No entres ahora»
Eran los mismos que a lo largo de los años hicieron colas y colas para ver películas de reestreno, las pandillas que se empujaban para pasar antes por la estrecha puerta de entrada y que hacían acopio de pipas y cacahuetes para ver películas como 'Flecha rota', 'Salomón y la reina de Saba', 'El motín del Caine', 'Mientras Nueva York duerme' o 'Soldado azul'.
Pero igual que le costó pasar del cine mudo al sonoro, al Goya cada adaptación a los nuevos tiempos fue restándole espectadores. Y eso que la sesión continua le aportó un buen número de seguidores que contaban con la complicidad del acomodador cuando decía «no entres ahora que es el final».
No obstante, el declive social de una de las salas más populares de Gijón vino marcado por la modernidad. Ante la falta de entradas vendidas, los últimos exhibidores optaron por la moda de la Transición: el denominado 'cine S' porque el 'X' nunca llegó a Gijón. «Tuvo que dar un giro y fue su final, porque los estatutos fundacionales del cine no permitían la exhibición de películas inmorales y los herederos apelaron a ellos para clausurar el cine», narra Juan Bonifacio Lorenzo.
Corría el año 1981. Concretamente, el 4 de marzo. En 1987 el viejo Goya Cinema fue derruido para levantar el Hotel Begoña. Dicen quienes vivieron los estertores de la pequeña sala que tuvo peor vejez que muerte.
EVA MONTES. El Comercio Digital.es. 08.03.11


El cine Goya, fue derribado el día 9 de julio de 1987.



Más datos del Goya en el blog Recuerdo Gijón